En una ruta conocida ya no decidimos en cada esquina. La experiencia comprime la complejidad en un mapa utilizable.

Hace lo mismo con las personas: «siempre es así». Lo que hoy cambia queda fuera del dibujo.

La familiaridad no es el problema. Se vuelve jaula cuando ninguna señal de la realidad puede corregir el mapa de ayer.

De vez en cuando podemos ir más despacio y nombrar una variación. Hagamos al conocido una pregunta de primera cita.

La maestría no consiste solo en aplicar deprisa un patrón, sino en reconocer el momento en que ya no encaja.