Un diagnóstico, una respuesta o una admisión convierten el presente en pasillo hacia una decisión tomada en otro lugar. Hasta el reloj parece ajeno.

No pesa solo la incertidumbre. No podemos producir el final, y la atención queda atada a una llegada que controlan otros.

Fingir que no importa rara vez funciona. Una respuesta importante proyecta su sombra sobre el resto del día.

Aun así, podemos fijar momentos para comprobar, cumplir otra cita y ocupar el cuerpo en una tarea real.

Recuperar ese tiempo no es dominar el resultado. Es impedir que una sola respuesta sea el único significado del intervalo.