Un plan reserva dinero, tiempo y dirección. Da una forma practicable hoy a nuestro cuidado por el mañana.
Si es demasiado estrecho, no deja entrar hechos desconocidos. Al yo futuro solo le queda ejecutar órdenes antiguas.
Un buen plan separa el fin del método. Protege compromisos, pero permite que el camino responda a un terreno distinto.
Revisar no es confesar un fracaso. Es dar voz a información que no existía cuando decidimos por primera vez.
Proteger el futuro no es decidirlo todo por él, sino entregarle recursos y rumbo sin quitarle toda iniciativa.