Tras el título, el ascenso o la mudanza comenzará la vida de verdad. Mientras tanto, el presente se reduce a sala de preparación.

Prepararse puede ser necesario y conservar posibilidades. El problema aparece cuando todo valor se envía hacia más adelante.

Al cruzar un umbral surge otra condición. La fecha del comienzo retrocede y queda la misma persona trabajando para una vida futura.

No hace falta abandonar los grandes proyectos. Una conversación, un descanso o una curiosidad que solo existen hoy también pueden valer por sí mismos.

La vida no comienza con una ceremonia. Ya está en la preparación, siempre que quien prepara no sea tratado como herramienta provisional.