Repetimos una escena y damos mejores palabras a nuestro antiguo yo. El pasado permanece cerrado mientras el sufrimiento se alarga.
El arrepentimiento sí puede reconocer el daño, medir una pérdida y cambiar la siguiente decisión.
Pero el dolor por sí solo no repara. Sufrir durante años no devuelve nada a quien resultó herido.
Conviene concretar la disculpa, la restitución o el hábito que debe cambiar. Si regresar es imposible, aún podemos reducir un daño semejante.
Cuando el arrepentimiento solo castiga al presente, el pasado sigue gobernando. La responsabilidad madura al dar otra forma al futuro.