Ante una decisión antigua preguntamos por qué no lo vimos. Pero prestar a ayer el conocimiento de hoy vuelve demasiado sencillo el juicio.

En sentido contrario, decir que éramos jóvenes o estábamos bajo presión no borra las consecuencias. Comprender una limitación no cancela la responsabilidad.

Un juicio justo reconstruye lo que entonces era visible, las presiones reales y las opciones que todavía existían.

El conocimiento actual cumple otra tarea: reparar lo posible y modificar las condiciones que podrían producir el mismo daño.

Juzgar el pasado no debería fijar una condena eterna, sino trasladar la responsabilidad hasta una acción presente.