La escena
La casa del señor Ye está cubierta de dragones pintados y tallados. Cuando un dragón auténtico, conmovido por tanta devoción, viene a visitarlo, Ye huye. Amaba una forma inmóvil dentro de su casa, no al ser que podía entrar sin obedecerle.
Lo que la moraleja deja fuera
Lo mismo ocurre con personas, culturas, profesiones y amores. El ideal interior no contradice, no cambia los planes y nunca excede nuestra explicación. Cuando llega lo real, recortamos sus partes inesperadas hasta devolverlo a la imagen. Entonces descubrimos que amábamos sobre todo lo gobernable.
Volver a abrir el final
Aceptar lo real no significa tolerarlo todo. Podemos alejarnos y terminar una relación. Solo significa no cargar sobre la realidad toda la culpa de ser distinta de la imagen. El amor alcanza su objeto cuando le deja también la posibilidad de decepcionar nuestra representación.