La escena

El caballo escapa y los vecinos hablan de desgracia. Regresa con otros caballos y hablan de suerte. El hijo se rompe una pierna y por eso no va a la guerra. Ante cada veredicto el anciano pregunta: “¿Cómo podéis saberlo?”

Lo que la moraleja deja fuera

La historia no puede pedirnos que renunciemos a decidir. Una pierna rota exige atención; buscar o no al caballo también requiere una elección. El anciano no rechaza la acción, sino el salto que convierte una escena presente en sentencia definitiva sobre una vida entera.

Volver a abrir el final

Podemos decir “esto duele ahora” o “hay que ayudar hoy” sin cerrar el futuro. La prudencia no consiste en aplazar eternamente la conclusión. Consiste en hacerse cargo del juicio necesario y recordar que todavía no posee todo el sentido de lo ocurrido.