Decimos no, damos una razón y recibimos otra pregunta. Poco a poco, la decisión se convierte en solicitud de permiso.
Explicar forma parte de la responsabilidad cuando otros soportan consecuencias o existe una relación de confianza.
Si ninguna respuesta vale antes de nuestra rendición, ya no hay diálogo: es un examen sin salida.
Podemos exponer el motivo, ordenar los efectos prácticos y después repetir el mismo límite.
No convencer no equivale a no explicar. Tras responder por la decisión, podemos irnos sin aprobación.