Muchos grupos se declaran abiertos mientras la discrepancia sea abstracta y no retrase decisiones.
Cuando una objeción real convierte a su autor en difícil, desleal o negativo, la puerta se cierra antes de examinarla.
Una opinión minoritaria no siempre es correcta. Se le pueden pedir razones y responsabilidad tras la decisión.
Pero nadie debería perder su lugar antes de que se escuche el contenido. Registrar la objeción permite revisarla después.
Un grupo incapaz de recibir la información que menos desea no aprende de sus errores. También es una cuestión de supervivencia.