Si antes de conocer a alguien oímos que es difícil, hasta su silencio ordinario parece hostil. La reputación fija el orden de interpretación.

También condensa un pasado útil y puede advertir de un riesgo. No empezamos cada relación desde cero.

Pero esa compresión pierde circunstancias y cambio. Un nombre antiguo impide que una acción nueva llegue como nueva prueba.

Podemos separar los hechos contados de su etiqueta y registrar aparte lo que observamos directamente.

Una persona no está libre de su pasado, pero tampoco es solo ese pasado. Cuando llega, la reputación debe poder cederle sitio.