Nuestra voz cambia ante un amigo, un niño o una reunión. Una persona puede tener varios registros sin vivir varias mentiras.
La coherencia no exige la misma expresión en todas partes. Une los compromisos de los que respondemos entre situaciones.
El engaño comienza cuando inducimos a alguien a confiar en una convicción o promesa que no sostenemos para orientar su elección.
En vez de buscar una única versión verdadera, preguntemos qué expectativa razonable crea cada conducta.
Si después podemos reconocer esas palabras como nuestras, cambiar de tono no destruye la autenticidad.