De madrugada o después de una jornada larga, el trabajo, una relación o uno mismo pueden parecer sin salida. El dolor es real, pero la visión se ha estrechado.
Decir «solo es cansancio» puede borrar un problema verdadero. Convertir la conclusión de ese instante en decisión final le da demasiado poder.
Aplaza el veredicto y recupera, si puedes, las condiciones para descansar. Si el problema vuelve, míralo entonces con hechos y una segunda perspectiva.
Una segunda lectura no es debilidad. Evita que el momento más exhausto hable por toda nuestra vida.
El tiempo de espera también sirve antes de acciones difíciles de retirar: enviar un mensaje, dimitir, romper. No pretende dormir el problema, sino recuperar las condiciones en las que una decisión pueda ser realmente nuestra y después asumida.