Dentro hablan a la vez la necesidad de seguridad, las ganas de probar, el deseo de agradar y la fidelidad a una promesa.
La voz más fuerte no siempre es la más propia. El miedo grita; un interés duradero puede regresar en silencio durante años.
Una influencia externa tampoco es necesariamente falsa. Aprendemos palabras y valores de otros y luego podemos probarlos en nuestra experiencia.
Escuchar el corazón no es obedecer al primer impulso. Es dar tiempo, medir el coste y asumir la dirección que sigue regresando.
Imagina que nadie admirará tu decisión y que el intento puede fracasar. ¿Aun así quieres avanzar? Una respuesta dudosa es válida. La voz propia no se descubre una vez; se escucha y se revisa al encontrarse con la experiencia.