«No llames la atención», «sé útil»: algunas frases se repiten hasta que obedecemos incluso cuando ya nadie mira.

Eso no vuelve inútil toda perspectiva externa. Otras personas ven efectos de nuestros actos que se nos escapan.

Hay que devolver cada voz a su origen: quién hablaba, en qué situación y con qué interés. ¿Mostraron otras relaciones una versión distinta?

Una valoración no se hace nuestra por antigüedad. Lo hace cuando volvemos a examinar sus razones y decidimos asumirlas.

El vigilante interior también nace de los elogios. Ser siempre «la persona fuerte» puede volver vergonzosa cualquier petición de ayuda. Hasta una imagen amable pesa cuando no permite que aparezcamos de otra manera.