Vivir de lo que amamos puede financiar la práctica y profundizar la habilidad.
Con clientes, plazos y evaluación disminuye la libertad de hacer hoy lo que atrae. La actividad se convierte en unidad de resultado.
No es el dinero quien traiciona el placer, sino la ausencia de frontera entre la parte de mercado y la que no debe demostrar nada.
Guarda pruebas sin público o separa encargos de proyectos propios. No todo lo amado necesita ser producto.
Si la antigua pasión se volvió por completo trabajo, puede surgir otro lugar de juego. No hace falta restaurar una pureza perdida. Basta con conservar en alguna parte una actividad sin encargo ni calificación.