Una habilidad practicada durante años se vuelve una forma de ver. El editor detecta un corte; la enfermera, un cambio mínimo del cuerpo.

No forma parte de nosotros solo cuando fluye sin esfuerzo. También debemos comprender qué hace visible y qué puede ocultar.

Toda pericia corre el riesgo de forzar un problema a adoptar su forma favorita. Lo medible parece entonces más real que lo que resiste a la herramienta.

Por eso necesitamos distancia respecto de nuestra capacidad: poder ser detenidos por el afectado, escuchar otra especialidad y decidir a veces no usarla.

Una habilidad se vuelve verdaderamente nuestra cuando ensancha la mirada, permanece criticable y se une a la responsabilidad por sus efectos.