Una misma pregunta puede encontrarnos tras varios desvíos. Su repetición quizá indique una preocupación más profunda que una moda o un entusiasmo repentino.
Pero volver no basta. La ansiedad también repite sus búsquedas y las costumbres pueden llevarnos a una decepción conocida.
Un regreso fértil cambia poco a poco nuestra relación con el mundo: aumenta el conocimiento, afina una capacidad y produce compromisos o trabajos concretos.
Si solo soñamos lo mismo, conviene darle una pequeña forma real: una fecha, una pieza terminada, un destinatario y una dificultad auténtica.
La dirección no espera acabada en nuestro interior. Gana contorno cuando volvemos, intentamos algo y dejamos que la realidad nos responda.