Después de años juntos resulta tentador decir «en realidad solo tienes miedo» antes de que el otro termine.

Incluso una lectura acertada se vuelve posesión si quien es leído ya no puede reabrirla.

«Esto es lo que entendí, ¿qué parte no encaja?» mantiene la interpretación como propuesta y no como sentencia.

La otra persona quizá todavía no encuentre palabras; no tenemos que llenar todo su silencio.

Comprender no es obtener la versión definitiva de alguien, sino conservar su posibilidad de contarse de nuevo.