Dos personas conviven con ideas políticas distintas, mientras una diferencia sobre hijos o dinero entra en cada día.

El amor no corrige por sí solo una carga que cae siempre sobre la misma persona.

Hay que concretar dónde actúa la diferencia, quién renuncia a qué y si todavía es posible negarse.

No tocar un tema puede proteger la relación o comprar únicamente el silencio de uno.

Continuar no es un examen de sentimientos, sino la pregunta por una forma de vida que ambos puedan sostener.