«Es mi vida» protege una frontera importante, pero no resuelve todo si la elección afecta al dinero o a los cuidados compartidos.
Aceptar una pregunta no es entregar la última palabra, sino conocer hasta dónde llega nuestra decisión.
Podemos rechazar una intromisión y, a la vez, responder con honestidad por el coste que otros asumirán.
Quién decide y qué debe explicar son dos preguntas distintas.
Una razón realmente propia no necesita esconderse de la realidad; puede mirar lo que produce en las vidas cercanas.