Quizá hoy no se resuelva el reparto de los cuidados, pero eso no permite aplazar los insultos o impedir que alguien duerma.

Esperar a la solución total parece equilibrado mientras una sola persona continúa pagando el coste.

Primero se puede acordar qué actos no se repetirán y cómo ponerse a salvo si vuelven a ocurrir.

Reconocer una herida no obliga a aceptar todas las propuestas de quien la sufrió.

Incluso dentro de una diferencia duradera podemos decidir qué maneras de discutir no son aceptables.