Alguien pide perdón por gritar y la disculpa es aceptada; la mudanza sigue siendo motivo de desacuerdo.

«Ya me disculpé, ahora acepta mi propuesta» convertiría la reparación en una moneda de cambio.

Separar el tono, la promesa incumplida y el asunto de fondo aclara qué se ha reparado y qué sigue abierto.

El daño exige reconocimiento y cambio; la diferencia aún necesita criterios, tiempo u otra organización.

Reparar la relación y llegar a la misma respuesta son dos trabajos distintos.