Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Comentario Dazhi del Daodejing
Capítulo 75 de 81

Cuando vivir cuesta demasiado esfuerzo

秦汉(Dazhi)· Han Qin

Texto chino del capítulo

Manuscritos en seda · texto chino adoptado por este comentario

民之饥也,以其上食税之多也,是以饥。百姓之不治也,以其上之有以为也,是以不治。民之轻死也,以其求生之厚也,是以轻死。夫唯无以生为者,是贤贵生。

Sobre el texto y la puntuación

El texto chino sigue el Dao De Jing comentado por el autor (《道德经注·君子不器》). Se basa en los dos manuscritos en seda, A y B, con correcciones y restituciones editoriales; no es una transcripción carácter por carácter de ninguno de ellos. La numeración de los capítulos sigue el texto recibido, y la puntuación, la del comentario. Los caracteres chinos no cambian al seleccionar otro idioma de lectura.

Leer el artículo en que se basa este capítulo (en inglés o chino)

I. La persona que dejó de proponer

Antes llegaba con ideas. Si encontraba un problema, intentaba resolverlo; si alguien necesitaba ayuda, buscaba tiempo. Ahora hace lo imprescindible y se marcha. Sus responsables comentan que ha perdido la motivación. Quizá sea cierto, pero la frase explica menos de lo que parece.

¿Qué ha ocurrido entre una escena y la otra? Tal vez haya asuntos personales que desconocemos. Tal vez cambió su interés. También puede haber una historia de sobrecarga, propuestas ignoradas y nuevas exigencias añadidas cada vez que demostraba ser capaz de soportar las anteriores.

No podemos diagnosticar su retirada a distancia. Sí podemos evitar una costumbre: convertir inmediatamente en un defecto del individuo lo que también podría señalar un problema de las condiciones en que vive y trabaja.

El capítulo 75 dirige la mirada hacia arriba. Ante el hambre, el desorden y el desprecio del peligro, pregunta qué hacen quienes tienen poder sobre la vida de los demás. No elimina toda responsabilidad personal. Impide que esa responsabilidad se convierta en una cortina detrás de la cual desaparecen las decisiones de quienes mandan.

II. Tres preguntas dirigidas al poder

La primera relación es directa: «民之饥也,以其上食税之多也,是以饥». El pueblo pasa hambre porque quienes están arriba consumen demasiado mediante los tributos. No se empieza preguntando por qué los hambrientos no trabajan más; se señala una extracción excesiva.

La segunda dice que el pueblo no está bien gobernado a causa de las intervenciones de arriba: «百姓之不治也,以其上之有以为也,是以不治». El problema no aparece como una materia humana defectuosa que necesita más control. Puede proceder del propio modo de organizar y controlar.

La tercera enlaza la ligereza ante la muerte con «求生之厚». Su interpretación requiere más cuidado, porque puede aludir a una búsqueda excesiva de conservación de la vida, al lujo de los gobernantes en ciertas lecturas o, en la aplicación social que seguimos, al peso de sostener la existencia.

Las tres frases comparten una decisión de la mirada: no estudiar a las personas como si vivieran fuera de cualquier orden económico y político. Si un sistema extrae demasiado, impone obstáculos y vuelve cada día difícil, las respuestas que produce no se entienden examinando únicamente el carácter de quienes las dan.

Eso tampoco obliga a encontrar una causa única para todos los problemas. Obliga a incluir las causas que el poder suele tener más facilidad para dejar fuera de la conversación: las suyas.

III. Gobernar mal no es descubrir gente ingobernable

El texto adoptado emplea «不治»; la versión recibida suele decir «难治», difícil de gobernar. Es tentador presentar la diferencia como una inversión total de la culpa: un texto responsabilizaría al gobierno y el otro al pueblo. Pero la versión recibida también explica esa dificultad por la acción de los gobernantes.

Por tanto, no necesitamos acusar a una variante de haber borrado la crítica política para conservarla. Esa crítica está expresamente presente en ambas formulaciones. El comentario de Wang Bi insiste, además, en dirigir la explicación hacia quienes están arriba, no hacia quienes están abajo.

La diferencia puede servirnos para escuchar nuestro propio lenguaje. «Este equipo es imposible» cierra una indagación que «¿por qué este equipo no puede trabajar bien?» acaba de abrir. La segunda pregunta permite mirar prioridades contradictorias, falta de personal, incentivos mal diseñados o reglas que impiden resolver aquello por lo que luego se exige responder.

El capítulo 65 ya nos había llevado a desconfiar del manejo astuto de las personas. No para negarles conocimiento, sino para abandonar la pretensión de administrarlas como objetos previsibles. Aquí esa preocupación adquiere una dimensión material: las personas necesitan condiciones para actuar, no solo una exhortación a adoptar una actitud mejor.

Un cambio de palabras no arregla por sí mismo una organización. Puede impedir que la explicación termine antes de llegar al lugar donde existe capacidad para cambiar algo.

IV. Todo se hace por una buena razón

«有以为» no significa, por definición, inventar un pretexto deshonesto. La acción puede tener una finalidad genuina. Precisamente por eso resulta importante examinar lo que esa finalidad permite dejar de ver.

Se añade un informe por transparencia, otra reunión por coordinación, una aprobación por seguridad, una métrica por eficiencia. Cada medida tiene una explicación atendible. Juntas pueden producir un entorno en el que la gente dedica más tiempo a demostrar que trabaja que a realizar el trabajo.

También sucede en la familia: una actividad por el futuro del hijo, otra por su desarrollo, otra para que no se quede atrás. El horario termina lleno de oportunidades y vacío de tiempo propio. Nadie quería agobiarlo. El agobio, sin embargo, no desaparece porque cada decisión tuviera una intención cariñosa.

La crítica no autoriza a suprimir controles necesarios ni a llamar opresión a cualquier responsabilidad. Una norma de seguridad puede proteger precisamente a quienes tienen menos poder para negarse. Hace falta preguntar qué problema resuelve, qué coste añade, quién asume ese coste y si existe una forma menos onerosa de obtener la protección.

«Lo hacemos por tu bien» no concluye la discusión. Tendría que abrir una comprobación con la persona cuyo bien invocamos. Si nunca puede cuestionar la medida, su bienestar corre el riesgo de convertirse en el nombre respetable de nuestra preferencia.

V. El peso de mantenerse a flote

«求生之厚» no puede fijarse como si «厚» significara exclusivamente «costoso». Hay otras lecturas de la intensidad o el exceso con que se busca preservar la vida. La interpretación social de esta serie propone mirar el peso que puede adquirir la subsistencia: no porque esa sea la única traducción, sino porque ilumina el hilo político del capítulo.

La vida pesa cuando cada necesidad básica consume el margen que permitiría afrontar la siguiente. Alquiler, alimentación, cuidados, transporte; después, el tiempo perdido en trámites y la energía necesaria para demostrar continuamente que se merece ayuda. No se trata solo de dinero. Se trata de cuánto queda al terminar de sostener lo imprescindible.

Desde una posición cómoda, ciertas decisiones pueden parecer temerarias o indiferentes. Desde dentro de una existencia sin margen, quizá responden a opciones mucho más estrechas. Comprenderlo no exige aprobar cualquier conducta ni imaginar que toda persona pobre pierde el miedo o la esperanza. Muchas siguen cuidando con enorme atención aquello que las sostiene.

El vínculo con el capítulo 74 es claro: aumentar el castigo no crea por sí solo una vida que merezca confianza. Si queremos comprender por qué alguien asume determinados riesgos, debemos preguntar también qué alternativas reales tiene.

Y esas alternativas pueden mejorar. Salarios, vivienda, servicios, derechos y apoyos no son añadidos ajenos a la reflexión. Son formas concretas de devolver margen a una vida. La crítica de la presión no tiene por qué acabar en resignación.

VI. Ayudar a vivir no es ocupar la vida

«夫唯无以生为者,是贤贵生». La frase final admite diversas interpretaciones sobre la relación entre actuar y conservar la vida. En nuestra lectura política, invita a pensar en quien favorece la existencia sin convertirla entera en objeto de su intervención. No obliga a afirmar que el sujeto gramatical de cada frase del capítulo sea siempre el gobernante.

Pensemos en dos responsables. Uno demuestra su implicación mediante un flujo incesante de nuevas instrucciones. Cada dificultad recibe un procedimiento; cada procedimiento, una reunión de seguimiento. El otro establece prioridades comprensibles, consigue recursos, elimina obstáculos y protege al equipo de demandas incompatibles.

El segundo también trabaja. A veces trabaja mucho para que el trabajo ajeno pueda desarrollarse con menos fricción. Su actividad no desaparece; deja de ocupar constantemente el centro de la experiencia de los demás.

Proteger de interferencias tampoco significa ocultar toda dificultad. Las limitaciones reales y la información necesaria deben compartirse. Si la dirección monopoliza el conocimiento de la situación para evitar preocupaciones al equipo, puede quitarle también la posibilidad de juzgar y decidir.

Una carretera útil no exige que todos los viajeros recuerden a cada paso quién la construyó. De modo parecido, ciertas condiciones de vida ayudan precisamente porque permiten ocuparse de algo más que del sistema que las proporciona.

La no intromisión no significa abandono. Si falta alimento, protección o atención necesaria, apartarse puede agravar la dependencia. Facilitar recursos y derechos puede ser la intervención adecuada. La cuestión es si la ayuda amplía la capacidad de vivir o reclama, a cambio, hacerse dueña de ella.

VII. Revisar la carga, no solo la actitud

Cuando una persona deja de implicarse, podemos preguntarle qué ha cambiado antes de recomendarle entusiasmo. Escuchar no nos dará una explicación completa de inmediato, pero evita imponer la nuestra como si fuera evidente.

Si tenemos poder de decisión, conviene revisar la carga acumulada, no solo justificar cada pieza por separado. ¿Cuántas prioridades simultáneas hemos declarado urgentes? ¿Qué actividad dejamos de exigir cuando añadimos una nueva? ¿Quién recoge el trabajo invisible que nuestros indicadores no cuentan?

También podemos examinar una medida que llamamos ayuda. ¿La persona puede rechazarla, modificarla o decir que no le sirve? ¿Dispone de apoyo sin tener que entregar toda autonomía? Las respuestas distinguen el cuidado de una ocupación bienintencionada.

Quien está soportando la carga puede necesitar algo más que claridad interior: apoyo colectivo, una negociación, recursos externos o protección. No corresponde pedirle que resuelva mediante serenidad un problema estructural. Y quitar obligaciones innecesarias no exige retirar las que protegen la seguridad, la equidad o a quienes dependen de un servicio.

La pregunta que reúne estas revisiones es sencilla y exigente: después de nuestras decisiones, ¿esas personas tienen mejores condiciones para vivir y trabajar, o solo resulta más fácil controlarlas desde nuestro lado?

VIII. De la presión a lo que todavía puede crecer

El 72 distinguía el miedo de la confianza. El 74 preguntaba por el límite de la amenaza y la apropiación de funciones. El 75 nos devuelve a las condiciones que rodean ambas cosas: qué se extrae, qué se exige y cuánto espacio queda para vivir.

No es una secuencia inevitable hacia la desesperación. Es una invitación a interrumpir causas que sí podemos reconocer y cambiar. El capítulo 57 ya sospechaba de una multiplicación de medidas que termina produciendo los problemas que promete resolver.

El 76 comenzará con «人之生也柔弱,其死也坚强»: la vida asociada a lo flexible, la muerte a lo rígido. Tendremos que leerlo como una imagen, no como una clasificación biológica. Pero la transición resulta sugerente: después de preguntar cuánto peso ponemos sobre la vida, preguntaremos si le dejamos capacidad de responder y desarrollarse.

Quizá aquella persona que dejó de proponer no necesite otra charla sobre compromiso. Quizá necesite que una parte de la carga se retire, que una promesa se cumpla o que su explicación encuentre por fin a alguien dispuesto a cambiar algo. El entusiasmo no se puede ordenar. Algunas condiciones para que vuelva sí se pueden construir.


Lectura desarrollada en el ensayo IX de la serie. Referencias: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX.