Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Comentario Dazhi del Daodejing
Capítulo 73 de 81

También hace falta valor para no hacerlo

秦汉(Dazhi)· Han Qin

Texto chino del capítulo

Manuscritos en seda · texto chino adoptado por este comentario

勇于敢者则杀,勇于不敢者则活,此两者或利或害。天之所恶,孰知其故?天之道,不战而善胜,不言而善应,不召而自来,繟然而善谋,天网恢恢,疏而不失。

Sobre el texto y la puntuación

El texto chino sigue el Dao De Jing comentado por el autor (《道德经注·君子不器》). Se basa en los dos manuscritos en seda, A y B, con correcciones y restituciones editoriales; no es una transcripción carácter por carácter de ninguno de ellos. La numeración de los capítulos sigue el texto recibido, y la puntuación, la del comentario. Los caracteres chinos no cambian al seleccionar otro idioma de lectura.

Leer el artículo en que se basa este capítulo (en inglés o chino)

I. La decisión que no da una buena historia

Todo el mundo habla de una inversión prometedora. Los conocidos que ya han entrado parecen satisfechos; las noticias repiten que el momento es ahora. Nos ofrecen participar y sentimos una mezcla difícil de separar: interés real, miedo a quedarnos fuera y deseo de poder contar que vimos la oportunidad a tiempo.

Decir que sí puede exigir valor. Decir que no, después de examinar lo que sabemos y lo que arriesgamos, también. Sin embargo, lo segundo suele producir una historia menos vistosa. No hay inauguración, anuncio ni fotografía. Una posibilidad pasa y seguimos con nuestra vida.

La misma escena cabe en una pantalla más pequeña. Hemos redactado una respuesta furiosa. Cada frase encuentra el punto vulnerable del interlocutor. Enviarla parece recuperar nuestra dignidad. Borrarla puede parecer una derrota, aunque sepamos que solo añadiría daño a una conversación ya deteriorada.

El capítulo 73 pregunta por esa valentía menos visible. No por la prudencia que encubre siempre una excusa, sino por la capacidad de no hacer algo cuando hacerlo resulta tentador y las razones aconsejan detenerse. Hay impulsos que se disfrazan de coraje porque llevan mucho ruido alrededor.

II. Dos corajes, dos riesgos

«勇于敢者则杀,勇于不敢者则活»: el arrojo de atreverse se asocia a la muerte; la valentía de no precipitarse, a la vida. Es un contraste grave, no una estadística que garantice que el osado perderá y el prudente sobrevivirá.

El propio texto añade: «此两者或利或害». Ambas actitudes pueden traer provecho o daño. No basta, por tanto, con sustituir el mandato «atrévete siempre» por el mandato «abstente siempre». Hay ocasiones en que no actuar abandona a alguien al peligro, permite crecer un abuso o deja escapar una ayuda necesaria.

«敢» nombra aquí el atrevimiento, con las resonancias que adquiere en este contexto. La pregunta es qué sostiene ese atrevimiento. ¿Hemos entendido el riesgo? ¿Estamos dispuestos a asumir nuestra parte del coste? ¿O necesitamos actuar para no sentirnos menos valientes que quienes nos rodean?

Las pérdidas evitadas tienen, además, un problema de visibilidad. Si un proyecto no se emprende, no podemos demostrar con certeza todo lo que habría sucedido. A veces una decisión prudente parece exagerada precisamente porque el daño que intentaba evitar no llega a producirse. Eso no convierte cualquier abstención en un éxito secreto. Nos recuerda que una buena evaluación necesita algo más que un relato espectacular del resultado.

La valentía de no hacer puede consistir en soportar esa falta de aplauso: explicar las razones, aceptar la incertidumbre y no buscar una crisis que permita exhibir heroísmo.

III. Una pregunta que no desaparece

«天之所恶,孰知其故?»: ¿quién conoce la razón de lo que el Cielo rechaza? Sería cómodo leer la pregunta como una antesala de una respuesta que ya poseemos: la naturaleza castiga exactamente tales conductas y premia tales otras. Pero el texto conserva una interrogación.

«天», el Cielo, pertenece a un campo antiguo de sentidos que puede incluir orden cósmico, autoridad moral y dimensiones religiosas. En esta lectura nos interesa especialmente la experiencia de un mundo que no se acomoda sin más a nuestras intenciones. Eso no prueba que el término tuviera un único significado secular, idéntico a la naturaleza de las ciencias modernas.

La incertidumbre cambia el consejo. Si no conocemos por completo las consecuencias de intervenir, conviene desconfiar de la voluntad de imponer una solución como si nada pudiera quedar fuera del plan. Un gesto puede funcionar en una situación y causar daño en otra. Una advertencia recibida tarde puede obligarnos a cambiar de rumbo.

El capítulo 5 ya desplazaba al ser humano del centro complaciente del mundo. Aquí podemos continuar esa lección sin fingir que conocemos el juicio del Cielo: nuestras buenas intenciones no dan control sobre todos los efectos, y nuestra confianza no vuelve irrelevantes los límites. A veces el primer acto valiente consiste en escucharlos.

IV. Vencer, responder, atraer y planear

La descripción del camino del Cielo se despliega en cuatro cláusulas. «不战而善胜»: sabe vencer sin combatir. El texto adoptado dice «不战»; la versión recibida suele decir «不争», no contender. La diferencia merece conservarse, pero no demuestra una alteración deliberada destinada a vaciar el sentido.

La imagen invita a buscar soluciones que no necesiten fabricar una guerra. Resolver una necesidad compartida, retirar una amenaza o construir una alternativa puede evitar enfrentamientos. No garantiza que nadie nos ataque ni elimina la legitimidad de defender a quien está en peligro. La ausencia de pelea no se obtiene simplemente deseándola.

«不言而善应»: responde adecuadamente sin hablar. El movimiento principal de «应» es responder; no hay que convertirlo en la promesa de conseguir obediencia ajena. En una conversación, su aplicación puede ser dejar de llenar todos los silencios. A veces una respuesta más ajustada nace de escuchar la pregunta que el otro todavía está intentando formular.

«不召而自来»: las cosas llegan sin ser convocadas. Pensemos en el mar que recibe las aguas sin ir a buscarlas una por una. Como imagen de convivencia, sugiere crear condiciones de acogida en vez de perseguir constantemente adhesiones. Un espacio de trabajo fiable puede atraer colaboración; no tiene garantizada la atención de todo el mundo.

«繟然而善谋»: actúa con amplitud y calma, y sabe planear. Esta última cláusula no dice «no planear». La serie contiene tres negaciones y una afirmación de otra manera de preparar la acción. Un buen plan deja márgenes, prevé revisiones y no necesita que cada persona se convierta en una pieza rígida. La serenidad no sustituye al trabajo de pensar; puede ayudar a hacerlo mejor.

V. Una red que no es una contabilidad automática

«天网恢恢,疏而不失»: la red del Cielo es vasta; sus mallas son amplias y, sin embargo, nada se pierde. La imagen sugiere un orden mayor que nuestras inspecciones y nuestros cálculos inmediatos. No conviene reducirla a una máquina que, tarde o temprano, pagará a cada cual exactamente lo que merece.

Algunas consecuencias tienen una claridad material: el fuego puede quemar aunque quien lo toca no crea en ese peligro. Pero de ahí no se deduce que toda injusticia encuentre castigo visible, que todo daño recaiga sobre su autor o que toda buena acción produzca una recompensa.

En las relaciones y las organizaciones, hay efectos que tardan en notarse. La confianza se erosiona tras varias promesas incumplidas. Una solución técnica apresurada deja una dificultad que otro equipo tendrá que afrontar. El problema puede aparecer lejos de quien lo causó, y sus costes pueden caer sobre personas inocentes.

También existe un trabajo bueno que nadie ve: mantener una herramienta, cuidar a alguien, corregir a tiempo una omisión. Su valor no necesita apoyarse en la seguridad de que algún día será reconocido. Podemos pedir condiciones justas para ese trabajo sin convertir la justicia en una promesa cósmica.

La red nos sirve, entonces, para ensanchar la atención. Que un efecto no aparezca hoy en nuestra cuenta no significa que no exista. Preguntarnos dónde puede aparecer, y quién tendrá que soportarlo, es una forma concreta de no confundir impunidad inmediata con inocuidad.

VI. Antes de pulsar «enviar»

La práctica comienza en decisiones bastante ordinarias. Antes de aceptar el proyecto que todos celebran, separar la oportunidad de la presión social. ¿Entendemos cómo funciona? ¿Disponemos de los recursos? ¿Qué perderían otras personas si nuestro cálculo falla? Una respuesta favorable puede sobrevivir a esas preguntas. Si no las tolera, quizá todavía no sea una buena respuesta.

Ante un conflicto, preguntarnos si queremos resolver algo o demostrar que no nos dejamos vencer. A veces habrá que hablar con firmeza, presentar una denuncia o buscar protección. Otras veces, lo que está en juego es únicamente la satisfacción de dar el último golpe verbal. No confundir ambos casos ya cambia la acción.

Y al planear, dejar un lugar para la información que aún no ha llegado. Un margen de tiempo, una prueba pequeña, una decisión revisable, una consulta a quien ejecutará el trabajo. No son adornos de un plan perfecto: reconocen que el plan se encontrará con un mundo independiente de él.

La valentía de no hacer no exige inmovilidad. Puede liberar recursos para aquello que sí merece hacerse. Decir que no a una escalada permite atender el daño; renunciar a una oportunidad que no comprendemos permite cuidar otra que sí conocemos. La energía retenida no tiene por qué quedar encerrada. Puede encontrar una dirección mejor.

VII. El comienzo del último tramo

Con el capítulo 73 iniciamos los últimos nueve capítulos de esta ruta de lectura. La agrupación ayuda a seguir un hilo; no demuestra que un único autor dispusiera estos textos como un programa de nueve pasos.

El hilo empieza por cuestionar la intervención impulsiva. El 74 llevará esa pregunta al poder de castigar y a la tentación de ocupar el lugar de quien sabe hacer una tarea. El 75 examinará las condiciones que vuelven difícil vivir. Después vendrán la flexibilidad, la distribución de los recursos, el peso de la responsabilidad y los límites de resolver un conflicto cuando ya ha herido una relación.

En el 79, «天道无亲» impedirá imaginar el Cielo como protector particular de nuestras preferencias. Y el 81 cerrará nuestra ruta con «人之道,为而弗争»: actuar sin convertir el actuar en una lucha por imponerse.

Nada de esto pide renunciar a la iniciativa. Pide dejar de confundirla con la obligación de responder a cada provocación o aprovechar cada ocasión. La próxima vez que un mensaje parezca reclamar una respuesta inmediata, podemos concedernos un pequeño intervalo. Quizá después lo enviemos, mejor pensado. Quizá no. El valor no se mide por cuántas veces pulsamos el botón.


Lectura desarrollada en el ensayo IX de la serie. Referencias de la investigación: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX.