Vida y muerte: cuando falla la costura
Somos también lo que cose
La percepción, la memoria y el cuerpo contienen pequeñas rupturas, pero algo recoge esos fragmentos y los presenta como “mi experiencia”. Tal vez el yo no sea una pieza escondida, sino la actividad repetida de coser. La anestesia general vuelve visible esa costura al suspenderla: después del último número que recordamos aparece la sala de recuperación, sin siquiera una oscuridad vivida entre ambos momentos.
Interrumpirse no es morir
En el sueño, la distracción o ciertos vacíos de memoria, la operación de unir puede debilitarse o detenerse y luego reanudarse. Al despertar, las huellas de ayer vuelven a incorporarse a una misma vida. La muerte no es una pausa más larga: desaparece el mecanismo capaz de reiniciar, escoger lo que queda y actualizarlo como “mi” mundo.
Un consuelo extraño
Ser un proceso no convierte la vida en una ilusión. Una melodía no es menos real porque solo exista mientras suena. Precisamente porque el yo sigue haciéndose, cada composición presente tiene peso. La muerte no retira un objeto terminado llamado persona; retira todas las formas futuras en que esa persona aún podía volver a enlazar el mundo. La finitud hace irrepetible ese modo de continuar.