Non DubitoEssays in the Self-as-an-End Tradition
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Pan con mermelada

Han Qin (秦汉) · Reescritura en español · 2026-10-09

Sobre esta edición

Nota sobre la edición: Reescritura en español del original chino, cuya página permite alternar entre caracteres simplificados y tradicionales.

Una casucha. Dentro viven un adolescente y un perro con una motosierra.

El chico se llama Denji. Su padre debía treinta y ocho millones a la yakuza; luego murió y la deuda pasó a su hijo. Sin otra forma de pagarla, Denji se puso a cazar demonios. Sus cadáveres se pueden vender.

No bastaba. Así que también vendió partes de su cuerpo: un ojo, un riñón, un testículo.

Todo eso junto apenas alcanzó para cubrir una pequeña parte. Sobre el resto se acumulaban intereses, y los intereses generaban más intereses. La deuda crecía más deprisa de lo que él podía pagarla.

Lo que come cada día es pan. Nada de bocadillos ni de panes rellenos: pan blanco. A veces puede acompañarlo con alguna otra cosa.

Al comienzo, la obra lo pone al lado de un perro. La comparación no se la impone nadie: es él quien se describe así. Comer sobras, trabajar, dormir en un cubil, aceptar lo que el amo eche de comer.

Tiene una lista de deseos. Por ahí empieza este ensayo.

Qué hay en esa lista

La lista dice, más o menos, lo siguiente:

Comer pan untado con mermelada.

Una comida con mantequilla.

Dormir hasta despertarse solo.

Acostarse con una chica. Tocarle los pechos, una vez.

Eso es todo.

No son sueños humildes. Es que no son más grandes que eso.

Conviene dejarlo claro, porque al llegar aquí resulta muy fácil elevar sus deseos un peldaño: decir que en realidad quiere que lo tomen en serio, que alguien se preocupe por él, que busca una vida normal.

Aquí no voy a subirles el precio. Y el motivo no tiene que ver con evitar o buscar el sentimentalismo.

El motivo es este: en aquel momento, Denji no tenía con qué comparar. No había conocido otra forma de vivir, nadie le había dicho qué más podía pedir y nunca había tenido la oportunidad de averiguar qué quería. Todos esos años había dedicado todo su tiempo a pagar la deuda y seguir vivo.

Para que alguien pueda decir «lo que de verdad quiero es tal cosa», primero tiene que saber que esa cosa existe.

Denji no lo sabe. No sabe que se puede vivir sin pagar una deuda, que alguien puede tratarlo bien sin querer nada a cambio, que una comida puede disfrutarse por lo rica que está. Nada de eso forma parte de su experiencia y, por tanto, tampoco de sus deseos.

Así que la lista contiene todo lo que hay. Quiere mermelada en el pan. No hay una capa de significado escondida debajo.

A lo largo de esta serie mantendré ese criterio: el pan es pan y tocar una vez unos pechos es tocar una vez unos pechos. No voy a revalorizar esos deseos ni a buscarles una explicación más respetable.

Cuánto cuesta satisfacerlos

Miremos ahora la lista desde otro ángulo: ¿cuánto cuesta proporcionar lo que pide?

Una rebanada de pan. Un tarrito de mermelada. Una comida. Un sitio donde dormir.

Satisfacer un deseo así cuesta una rebanada de pan.

¿Y qué se obtiene a cambio? Alguien dispuesto a trabajar para ti. Alguien dispuesto a jugarse la vida contra un demonio por la próxima comida. Alguien que hará lo que le digas.

Esa proporción es el primer mecanismo de la obra, y ya está funcionando en el capítulo uno.

La yakuza le da a Denji un poco de dinero, apenas lo suficiente para sobrevivir. A cambio recibe un cazador dispuesto a dejarse la vida.

Cuanto más pequeño y concreto es un deseo, menos esfuerzo le cuesta a otro sujetarte por él.

La frase no elogia ni condena. Describe una relación entre lo que se invierte y lo que se obtiene: para sujetar a alguien que quiere una casa, hace falta ofrecerle una casa; para sujetar a alguien que quiere pan con mermelada, basta una rebanada. Lo segundo sale mucho más barato. Y se puede suministrar cada día, indefinidamente.

Pochita

El perro de la casucha se llama Pochita.

Denji lo encontró junto a la tumba de su padre, herido y a punto de morir. Le ofreció su sangre para salvarlo. Después vivieron y trabajaron juntos.

Por entonces, el propio Denji apenas tenía comida. Compartió la mitad de lo poco que tenía.

El primer pacto nació en aquel rescate: Denji ayudaba a Pochita a vivir y le pedía que, a cambio, lo ayudara a seguir vivo. Compartir la comida y trabajar juntos fueron después la forma cotidiana de esa ayuda mutua.

Es un contrato raro en esta obra: ambas partes saben qué han pactado, ambas pueden cumplirlo y ambas reciben lo que les corresponde. Ninguno de los que vienen después funciona así, ni los que Aki firma con tres demonios ni el de Denji con Seguridad Pública.

Es la primera relación que aparece en la historia y tiene la misma forma que todas las posteriores: un intercambio.

La diferencia es que esta vez lo que aporta cada uno está equilibrado. Uno estaba a punto de morir y lo salvan; quien lo salva obtiene un ayudante. Ninguno sujeta al otro.

Conviene recordarlo, porque en esta obra solo ocurre esta vez.

Lo metieron en una bolsa de basura

Lo siguiente sucede deprisa.

Los mafiosos hacen un contrato con el Demonio Zombi y se convierten en sus subordinados. Llevan a Denji hasta allí con un engaño y lo matan.

Lo cortan en varios pedazos, lo meten en una bolsa de basura y lo dejan tirado.

La obra despacha todo esto con una soltura extrema. Sin música, sin cámara lenta, sin un «¡Me has traicionado!». El protagonista muere en el primer capítulo. Bastan unas pocas viñetas.

Hay un detalle, dejado caer casi de paso: en el momento de morir piensa que todavía no ha probado el pan con mermelada.

Entonces Pochita se introduce en su pecho y se convierte en su corazón. Denji vuelve a la vida, transformado en Chainsaw Man.

Tira de la cuerda que le sale del pecho, le brota una motosierra de la cabeza y los hace pedazos a todos.

Cuando acaba la pelea, se queda sentado en un charco de sangre.

La primera comida

Se acerca una mujer.

Se llama Makima. Es una cazadora de demonios de Seguridad Pública, bajo las órdenes directas del gabinete. Se agacha, lo mira y le ofrece dos opciones:

Ser mi perro. O morir aquí.

Denji elige la primera. Cualquiera elegiría la primera.

Lo que viene a continuación es la primera escena verdaderamente decisiva de la obra.

Lo primero que ella le da no es una orden. Es una comida.

Lo lleva a comer.

Para casi cualquiera sería una comida corriente. Denji empieza a llorar mientras come. Él mismo no sabe explicar por qué; solo sabe que está buenísimo.

La obra no busca aquí ningún efecto sentimental. Deja que una persona coma, que se le caigan las lágrimas y que siga comiendo.

Luego viene un lugar donde vivir. Luego un baño caliente. Luego una cama, una manta limpia, una mañana en la que puede dormir hasta despertarse solo.

En una noche, varias casillas de la lista quedan tachadas.

En esas pocas horas, Makima satisface más de la mitad de los deseos de Denji. Lo que ha gastado probablemente no llega a un mes de su sueldo.

La escala

Ordenemos lo que ha aparecido en este ensayo.

Lista de deseos de Denji: mermelada en el pan, una buena comida, dormir hasta despertarse solo, tocar unos pechos una vez.

Coste de proporcionar todo eso: muy bajo.

Lo que se obtiene a cambio: alguien dispuesto a jugarse la vida contra los demonios.

La yakuza ha hecho esa cuenta. Makima también. Es la misma cuenta, solo que Makima da un poco más y lo hace con más inteligencia. No lo está contratando: está tachando sus deseos uno por uno. Y con cada deseo tachado gana otro asidero por el que sujetarlo.

En el primer capítulo la obra ya ha puesto todo esto sobre la mesa, sin esconder nada. Makima dice «ser mi perro». No busca otra manera de llamarlo.

Denji tampoco encuentra nada malo en esa expresión.

En su situación, la palabra «perro» describe precisamente el mejor puesto al que puede aspirar: alguien le da de comer, tiene dónde dormir, no tiene que pagar deudas y ya no necesita calcular cada día si llegará vivo al siguiente.

No lo han engañado para que acepte una identidad humillante. Él lo considera un ascenso.

Pasar de la casucha al alojamiento de Seguridad Pública, del pan blanco a la comida a la que ella lo invita: medido con la regla que tiene a mano, supone una mejora enorme.

Ya hemos visto de dónde sale esa regla.

A partir de ese día, más personas se acercan a Denji.

Y todas se sirven de lo mismo para hacerlo.

Lo veremos en el siguiente ensayo.