Confucio invita a cuatro discípulos a hablar de sus ambiciones sin dejarse intimidar por su edad. Zilu promete rescatar un Estado y el maestro sonríe. Ran You quiere enriquecer un territorio pequeño; Gongxi Hua aprender un papel modesto en las ceremonias; Zeng Dian imagina un día de primavera, bañarse, tomar el aire y volver cantando.
«Estoy con Dian», suspira Confucio. A menudo se lee como la victoria de la contemplación sobre la política. Pero el diálogo continúa: explica que su risa señalaba la forma precipitada y poco deferente de Zilu, no su deseo de gobernar. También reconoce el carácter político de los otros dos proyectos.
El maestro no convierte las cuatro vidas en un podio. Primero rebaja su autoridad, crea un espacio donde los deseos puedan decirse y luego explica una sola sonrisa. Tal vez lo esencial no sea elegir la respuesta más hermosa, sino volver cada ambición decible y, por tanto, discutible.
Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.