Cuatro personas preguntan por la piedad filial. Confucio responde: no apartarse de los ritos; no dar a los padres otra preocupación que la enfermedad; comprender que alimentar sin respeto apenas supera alimentar animales; no convertir el propio gesto en una carga. No reparte una fórmula única.

Cada respuesta corrige una dirección: el exceso de una familia poderosa, la imprudencia de un hijo, el orgullo de quien reduce todo al sustento material, la aspereza de quien cumple tareas sin relación. La palabra «piedad» llega después de mirar a la persona.

Podríamos sumar las cuatro frases y construir una lista completa. Pero volveríamos a perder cuatro vidas. Confucio no lega sólo criterios, sino el hábito de reabrir el mismo término ante cada relación nueva.

Reescritura española independiente a partir de las ediciones china e inglesa. El desarrollo completo se encuentra en la edición de investigación al final de la serie.