Volver a abrir el Zhuangzi · 39 · El pescador y lo genuino
La sinceridad no tiene una expresión obligatoria
Que alguien se conmueva no certifica la verdad. La falta de respuesta tampoco prueba que el cuidado sea fingido.
1. Después de las condolencias
A veces recibimos una carta de consuelo impecable y no sabemos qué responder. No porque su autor sea necesariamente falso ni porque no sintamos gratitud, sino porque, acabadas las frases apropiadas, la dificultad sigue intacta delante de nosotros. Otras veces quien viene apenas dice algo hermoso. Pregunta si queremos que esta noche vaya a recoger a los niños. Y sentimos de pronto que nos ha visto.
El pasaje de El pescador sobre lo genuino me hace pensar en esa diferencia. Quizá no necesitamos más gestos de preocupación, sino que detrás de esos gestos haya una intención realmente dirigida a la persona. Digámoslo con cuidado: emocionarse no es un detector de autenticidad y el silencio tampoco demuestra fingimiento.
2. Las seis frases del pescador
Un anciano pescador se encuentra con Confucio y critica su conducta. Confucio le pide consejo una y otra vez, hasta preguntar qué es lo genuino. El anciano responde:
Lo genuino es la sinceridad llevada a su plenitud. Sin pureza ni sinceridad no se conmueve a nadie. Quien se fuerza a llorar muestra tristeza, pero no transmite aflicción; quien se fuerza a airarse se muestra severo, pero no impone; quien se fuerza a ser cercano sonríe, pero no crea armonía. La tristeza verdadera puede no tener voz y ser dolorosa; la ira verdadera puede no manifestarse aún y ya tener fuerza; la cercanía verdadera puede no sonreír todavía y ya ser armoniosa.
Un llanto, un enfado o una cercanía forzados pueden tener los movimientos adecuados sin la fuerza correspondiente. La pena, la ira y la cercanía genuinas no siempre esperan a manifestarse claramente para entrar en la relación. El texto separa con intención las dos caras para que forma e intención dejen de confundirse. No es una descripción neutral sin juicio. Continúa enseguida diciendo que lo verdadero dentro mueve el espíritu por fuera y explica por qué lo estima. Podemos aprender de él sin alabarlo fingiendo que nunca da razones.
3. Más lágrimas no son más sospechosas
Es fácil dar un paso de más: volver esas dos series una técnica para leer personas. Cuanto más ruido al llorar, más falso; cuanto más silencio, más verdadero. Cuanto más se explica, más falta algo por dentro. No hay base para ese paso. Que la pena verdadera pueda ser silenciosa nos permite entender que quien no llora también puede estar sufriendo. No demuestra, a la inversa, que llorar mucho descarte el dolor. Alguien rompe a llorar en el funeral, otro organiza lo necesario, otro está como anestesiado en ese momento y llora mucho después. Sus apariencias no permiten clasificar la sinceridad de sus sentimientos.
Algo parecido ocurre cuando una persona deja suavemente el bolígrafo y la sala entera calla. Puede ser su presencia; puede ser que todos teman su poder. El entusiasmo puede nacer de la cercanía o de la cortesía profesional. Vemos reacciones sin leer por eso todas sus causas. No tomaré las seis frases como un método para detectar mentiras. Pueden volver la mirada hacia uno mismo: ¿estoy expresando lo que siento o entregando la expresión que me exigen? A veces cuesta responder. Al menos no empezamos por juzgar a quienes están al lado.
4. No conmover no demuestra falsedad
La afirmación de que no se puede conmover sin sinceridad tiene fuerza y se presta a abusos. Si alguien cuida con torpeza y la otra persona no quiere hablar todavía, ¿concluimos que no la cuida de verdad? No. Puede no tener fuerzas para responder, no confiar aún o no querer abrirse en ese momento. En sentido contrario, una actuación conmovedora o unas palabras muy hábiles también pueden hacernos llorar. Emocionar no equivale a decir la verdad. No emocionar tampoco equivale a carecer de intención sincera.
El original presenta lo genuino como un ideal capaz de llegar al exterior. En las relaciones de hoy, no podemos convertir la respuesta inmediata de quien escucha en la autoridad que lo certifica. De otro modo, quien ofrece cuidados empieza a reclamar una devolución: soy tan sincero, ¿por qué aún no hablas? El silencio se convierte en una nueva falta. Cuidar exige a veces permitir que la persona no quede consolada por nosotros en ese mismo momento. Estar dispuesto a acompañar y también a escuchar que no hace falta o que hoy no quiere hablar resulta más sólido que exigir que complete con nosotros una escena conmovedora.
5. El texto continúa: ¿para qué hacemos lo que hacemos?
Después de las seis frases sigue otro pasaje: no dejemos solo el contraste más hermoso. El pescador habla del servicio a los padres y al señor, de beber y del duelo. Vincula esas situaciones con el afecto filial, la lealtad, la alegría y la pena; dice que en el duelo importa la aflicción, sin preguntar por los ritos, y que al cuidar a los padres importa que estén bien, no los medios. La dirección es impedir que la forma oculte para qué se hacía algo. Una bebida compartida no es alegre por el precio de los recipientes; un cuidado adecuado no lo garantiza el despliegue ritual. La forma puede participar sin monopolizar la respuesta.
Son palabras de relaciones familiares y políticas antiguas, no una lista moderna de ética ya preparada. Quiero traer una pregunta concreta: ¿a quién querían atender esta comida, esta visita o esta despedida? ¿A quién se le exige ahora servir a la forma? Por ejemplo, una reunión familiar se prepara con enorme cuidado, pero obliga a una persona mayor agotada a quedarse hasta el final y posar en cada foto. Si alguien propone que descanse primero, no hace falta acusarlo enseguida de estropear la fiesta. Quitar un momento en apariencia esencial puede acercarnos a lo que la reunión quería expresar.
6. El rito no tiene que ser enemigo de lo genuino
Los ritos son lo que hace la costumbre del mundo; lo genuino es lo recibido del cielo, natural y que no puede cambiarse.
El pasaje contrapone la costumbre ritual y lo genuino recibido del cielo. Critica expresamente dejarse cambiar por las convenciones; no es una presentación neutral de dos procedencias. Pero hoy tampoco tenemos que declarar falsa toda expresión aprendida. Al visitar por primera vez a un amigo que ha perdido a alguien, podemos no saber qué decir. Aprender unas palabras adecuadas, saber cuándo callar y no cubrirlo con nuestro propio relato son preparativos útiles. Prepararse no equivale a no sentir. Practicar tampoco equivale a engañar con una representación.
El rito puede ser una barandilla para no herir con nuestra torpeza. El problema llega cuando la barandilla se vuelve destino: ya completamos los pasos, por tanto el otro debería estar satisfecho; si sigue triste, le reprochamos que no aprecie lo recibido. La sinceridad tampoco da permiso para hacer cualquier cosa. «Eso era lo que pensaba entonces» no vuelve inocuas unas palabras que hacen daño. Un sentimiento puede ser real y su expresión necesitar medida, responsabilidad y corrección. Ser fiel a lo que sentimos y tener en cuenta al otro no nos obliga a elegir un solo lado.
7. No cambiemos una forma obligatoria de llorar por otra
Hemos leído a Qin Shi llorando a Lao Dan y a los amigos que cantan junto al cuerpo. Aflojan las medidas del duelo fijadas, pero no convierten llorar tres veces, cantar o no llorar en una nueva norma. Lo que interesa conservar en El pescador no es que lo verdadero siempre venga en menor cantidad, sino que los sentimientos no tienen que entregarse en una dosis uniforme. Si quieres llorar, no te contengas para parecer profundo. Si no puedes, no te fuerces para demostrar afecto. Podemos preguntar de dónde viene ese gesto; no fijar para todos el volumen de su voz.
En cuanto al conjunto de El pescador, Confucio saluda ritualmente y pregunta de manera reiterada; al final explica a sus discípulos por qué respeta al anciano. Podemos encontrar desequilibrada esa disposición de personajes sin identificar al autor por el mero hecho de que Confucio reciba enseñanzas. Los personajes del libro pueden desempeñar funciones distintas en distintas historias.
Hay algo más que saborear: una enseñanza contraria a aferrarse a los ritos se desarrolla mediante numerosos saludos rituales. No hace falta declararlo contradictorio enseguida. El mismo gesto puede nacer de relaciones diferentes; en la historia, la reverencia de Confucio expresa respeto por la Vía que ha reconocido. Como mínimo, no basta ver un rito para declararlo falso ni ausencia de ceremonia para declararlo verdadero. Volver a personas y asuntos concretos es más difícil y más útil que fijar un reglamento antirritual.
Podemos encontrar un buen pasaje en un capítulo discutido sin declarar primero falsa toda la envoltura y verdadero todo el núcleo. Podemos conservar su filo sin cortar con él a las personas de hoy. Volvamos a la carta de consuelo: tal vez no necesitemos pulir cada frase para hacerla más emotiva, sino preguntar algo pequeño que el otro pueda responder o rechazar. Después, no corramos a comprobar si lo hemos conmovido. Cuidar no exige que el otro certifique nuestra sinceridad. Puede empezar cuando renunciamos a exigir esa prueba.
Texto y notas de lectura
Reescritura independiente para lectores de español a partir del ensayo chino completo. El inglés existente se escribió también de forma independiente, y las versiones en chino simplificado y tradicional ofrecen el texto íntegro. Los pasajes clásicos de la serie se presentan en versión española para estos ensayos, no como traducción completa de la obra antigua. Las comparaciones contemporáneas y las interpretaciones desarrolladas son lecturas del autor, no sucesos adicionales relatados en el original. Los enlaces a la investigación remiten a las versiones existentes en inglés y chino.
Pasajes, interpretaciones y fuentes
Pasaje e interpretación: El pescador.
La página china conserva las citas clásicas; la narración inglesa se escribió de nuevo para esta edición. Aquí los pasajes se ofrecen en versión española independiente. Las comparaciones contemporáneas y los desarrollos interpretativos pertenecen a la lectura del autor: no son episodios adicionales que el texto antiguo relate.