094 / 108 · Cómo sabemos
Strawson: volver a poner el suelo
Después de dudar del suelo, aún necesitamos apoyo. Persona, gratitud, resentimiento y perdón: volver a mirar el comienzo de la vida compartida.
I. Describir antes de reconstruir
Oxford, 1959. Peter Frederick Strawson publica Individuos, con el subtítulo Ensayo de metafísica descriptiva.
Metafísica descriptiva: no toda su filosofía, pero sí una llave para entrar en este libro.
Distingue dos tareas. La metafísica revisionista quiere sustituir nuestra estructura de pensamiento por otra mejor. Descartes y Leibniz son ejemplos importantes. No consiste simplemente en decir que los ojos engañan, sino en reorganizar qué es fundamental y qué debe explicarse mediante otra cosa.
La descriptiva comienza por conceptos que ya usamos: cuerpos, personas, espacio, tiempo. Con ellos pensamos, hablamos, vivimos. Antes de reemplazarlos, Strawson pregunta cómo se sostienen entre sí y permiten identificar la misma cosa o hablar de la misma persona. Eso no equivale a aprobar todos los prejuicios cotidianos.
Parece modesto, casi aburrido. Las quince figuras anteriores tapaban grietas, trazaban líneas, escuchaban ecuaciones, rasgaban el algodón. Strawson parece limitarse a preguntar qué suelo pisamos.
Pero ese es precisamente su lugar en este recorrido.
Comte buscaba leyes; Popper, una frontera para la ciencia. Dirac escuchaba las ecuaciones, Qu Yuan iba hacia el agua, Fichte preguntaba por el yo. McClintock se acercaba al maíz, Weil practicaba la atención, Thatcher cerraba una puerta. Nāgārjuna desmontaba un suelo supuestamente autosuficiente, Woolf escribía el tiempo de la conciencia, Yukawa llegaba con otro mapa. Arendt interrogaba la falta de pensamiento, Murdoch aprendía a ver, Jaldún seguía la cohesión y su desgaste, Vygotsky incorporaba a los demás al desarrollo. Tras esas quince vidas, necesitamos mirar dónde apoyamos los pies.
Strawson vuelve a mostrarnos el suelo.
Es una imagen de esta serie, no la afirmación de que leyera a Nāgārjuna y reparara sus desperfectos. En nuestro puente imaginario aparece una posibilidad: haber cuestionado el suelo no elimina la necesidad de estar de pie. Reconocer los límites de un marco no obliga a vivir fuera de todos los marcos.
II. Una persona no se monta por piezas
Una tesis importante de Individuos: el concepto de persona es primitivo.
¿Qué significa?
El problema de mente y cuerpo suele plantearse como un montaje. Primero un cuerpo, luego una mente; después, la conexión. La persona que siente dolor, piensa y camina parece aparecer solo al unir dos piezas definidas por separado.
Strawson pregunta si no nos habremos equivocado en ese primer corte.
Llamar primitivo al concepto no niega los orígenes biológicos. Significa que, en nuestro esquema conceptual, propiedades corporales y estados de conciencia pertenecen al mismo sujeto. «Está herido» y «tiene miedo» hablan de una sola persona. No hay que buscar media persona en dos mundos distintos.
Eso ilumina nuestra serie. El yo de Fichte, la experiencia corporal de McClintock, el tiempo de Woolf y la actividad compartida de Vygotsky no tienen por qué ser cuatro piezas desmontables. Pueden mostrar aspectos de una misma vida. Es nuestra lectura comparada, no una prueba de que compartieran la teoría de Strawson.
La roca firme es aquí un punto de partida conceptual, no una prohibición de investigar científicamente. Tampoco entrega la condición de una persona al juicio de los espectadores: no reconocerla, o negarse a hacerlo, no la despoja de su condición de fin.
III. Lo que el enfado espera de otro
En 1962 aparece Libertad y resentimiento, otro texto de enorme influencia.
La pregunta es antigua: si cada suceso depende de causas anteriores, ¿podemos responsabilizar a alguien? Si un asesinato resulta de disposiciones, entorno e historia causal, ¿en qué sentido pudo elegir su autor?
Unos exigen una libertad incompatible con el determinismo; otros la niegan; otros defienden la compatibilidad. Un ensayo no terminó la discusión.
Strawson elige otra entrada: observemos cómo nos tratamos.
No hemos esperado a resolver el determinismo para agradecer, resentirnos o perdonar. Ya lo hacemos todos los días.
Alguien te pisa el pie. Te enfadas, hasta descubrir que lo empujaron o que intentaba sujetarte para evitar una caída. El dolor sigue siendo el mismo; su significado cambia. El ejemplo original de Strawson habla de una mano. No se trata de «me duele, por tanto tengo razón», sino de la buena voluntad, la mala voluntad o la indiferencia que alguien muestra hacia nosotros. Resentimiento, gratitud y perdón pertenecen a esa relación.
¿Qué tiene que ver esto con el conocimiento?
Si la teoría se convierte en un permiso para vivir, como si antes de agradecer hubiera que resolver la causalidad, quizá hemos invertido el orden. Pero nuestras reacciones también pueden ser injustas. Describir su lugar no legitima cualquier enfado. Strawson distingue además las excusas de un acto y las exenciones que modifican nuestra actitud hacia el agente. «Primero el sentimiento» no basta.
Hay aquí un punto de comparación con McClintock y Weil: una práctica no necesita esperar su teoría completa. La experiencia de McClintock no sustituye las pruebas genéticas; la atención de Weil no es un impulso emocional. No forman una escuela según la cual sentir sea siempre acertar.
La vida con otros precede su explicación acabada. El suelo ya había soportado pasos antes de terminar su teoría.
IV. Heredar a Kant, pero no entero
Strawson es un heredero particular de Kant.
En Los límites del sentido, de 1966, relee la Crítica de la razón pura. Quiere preservar el análisis de las condiciones de la experiencia: cómo puede ser experiencia de un mundo objetivo y no una sucesión de sensaciones inconexas.
Rechaza, sin embargo, el idealismo trascendental e intenta separar de él esos argumentos. La separación sigue siendo discutida. No significa simplemente que Kant mirara detrás del marco y Strawson declarase que allí no había nada. Kant también limita estrictamente lo que podemos conocer de las cosas en sí.
Para empezar, podemos retener esto: preguntar cómo conocemos el mundo no exige inventar un mirador exterior a toda experiencia.
El marco no es solo un muro que aparta la realidad. Permite identificar, discrepar y corregir errores. Describirlo no supone fabricar el mundo a voluntad ni declarar verdadero todo lo que funciona.
V. Un suelo que deja ver las grietas
Ese es el lugar singular de Strawson en nuestro recorrido: un suelo que no necesita fingirse sin grietas.
Los ensayos anteriores preguntaban qué podía estar aplastando el suelo. Este añade otra pregunta: ¿en qué nos apoyamos ya al reconocer un objeto o pedir disculpas?
Seguimos necesitando apoyo.
Hay que volver de la duda a la vida: andar, hablar, reconocer a quien puede sufrir a nuestro lado; enfadarnos y retirar el resentimiento cuando nos equivocamos. La vacuidad de Nāgārjuna no suprime la vida cotidiana, ni la atención de Weil nos deja suspendidos para siempre. Las preguntas pueden coexistir.
El suelo está hecho de los conceptos con los que vivimos: objetos, personas, espacio, tiempo. No son una respuesta definitiva a todo ni el único criterio del conocimiento. Pero son medios necesarios para orientarnos juntos.
Un martillo depende de materiales, oficio y uso. No es autosuficiente, y aun así clava un clavo. Es nuestra imagen, no una respuesta histórica de Strawson a Nāgārjuna. No ser absoluto no equivale a ser inútil.
VI. De vuelta entre los demás
Después de desmontajes y ampliaciones, Strawson devuelve la serie al terreno de la experiencia común.
Nāgārjuna interroga la naturaleza intrínseca; Strawson analiza conceptos cotidianos. En el puente, uno parece retirar la exigencia de fundamentos absolutos; el otro recuerda que seguimos caminando juntos. No por eso pertenecen a la misma escuela.
Weil pide al yo posesivo que retroceda; Strawson mantiene a la persona entera a la vista. Descentrarse no destruye a nadie, y un concepto primitivo no justifica el egocentrismo. Podemos conservar ambas advertencias.
Fichte pregunta por la actividad del yo, Strawson por el funcionamiento del concepto de persona. No resuelve la pregunta de Fichte: cambia de escala y examina cómo ya atribuimos cuerpo y conciencia a alguien.
Murdoch muestra que volver a ver puede transformar la vida moral. Strawson recuerda que gratitud y resentimiento ya la habitan. Ninguno es simplemente más primitivo: la atención corrige reacciones, y las reacciones revelan lo que todavía no hemos visto con claridad.
Vygotsky estudia el desarrollo en la actividad compartida; Strawson relaciona la atribución de estados mentales a uno mismo y a los demás. Son teorías distintas, pero ambas cuestionan la imagen de un yo encerrado que solo después adivina la existencia ajena.
VII. El valor de la calma
Entre las figuras intensas de esta serie, Strawson parece tranquilo. No empieza proclamando que hoy habrá que demolerlo todo.
Nos invita a mirar lo que ya tenemos.
Después de la crítica de los positivistas lógicos a la metafísica, de Quine a la distinción analítico-sintética y de los cambios introducidos por Wittgenstein, proponer otra vez la metafísica requiere algo más que regresar a una vieja estantería.
No construye un reino detrás del mundo sensible. Describe pacientemente una estructura conceptual. También esa descripción debe sostener sus argumentos y admitir críticas: copiar el sentido común no basta.
En un siglo de negaciones radicales, esa paciencia es un acto de conocimiento. A veces lo importante no es descubrir algo nuevo, sino volver a ver con nitidez lo que ya estaba allí.
VIII. A la entrada del puente
Hagámoslo entrar ahora en el puente ficticio de esta serie. Strawson llega con paso firme.
Ni rápido ni lento. Nada teatral. Una marcha reposada; cada paso encuentra el suelo.
Sube al puente y mira la superficie.
Por todas partes hay huellas: cemento de Comte, líneas de Popper, aberturas de Nāgārjuna, los pequeños pasos junto a Vygotsky. El lugar casi vacío de Weil. El papel TINA de Thatcher en la baranda.
Quince personas han pisado, rellenado, dibujado, desmontado y remendado aquí. No es un suelo intacto.
Strawson se agacha y toca una tabla. Más que certificar su calidad, comprueba algo: el suelo sigue ahí.
Imperfecto, agrietado. Cemento donde no debería. En otros lugares, una abertura deja ver la oscuridad.
Pero ahí está.
Se levanta. No rellena grietas, no arranca tablas, no dibuja otra línea.
Su peso vuelve perceptible un apoyo compartido. Habrá que revisar y reparar. Sin embargo, podemos caminar, hablar con el vecino y señalar la tabla suelta.
No es la última respuesta. Es un lugar desde el que seguir preguntando.
Ve a Nāgārjuna sentado. La pregunta por la vacuidad permanece. Mira sus pies: un suelo que depende de condiciones sigue soportando pasos. Vacío no significa aquí que no haya nada debajo.
No es ignorar a Nāgārjuna. Es poder seguir de pie después de encontrarlo.
Encuentra un sitio corriente, ni sobre una grieta ni en el borde.
Una persona sobre un suelo imperfecto. No toda la metafísica descriptiva, pero sí una imagen que podemos llevarnos.
Notas de lectura y fuentes
Individuos (1959), capítulo 3; Libertad y resentimiento (1962), actitudes reactivas, excusas y exenciones. El pie adapta el ejemplo original de la mano. Primitivo no prohíbe explicar biológicamente; las reacciones no se justifican solas.
Los límites del sentido (1966) critica el idealismo trascendental conservando argumentos sobre la experiencia. Su lectura de Kant sigue discutida; la metafísica descriptiva no se identifica con pragmatismo ni Madhyamaka.
Suelos, encuentros del puente, gestos y diálogos son invenciones literarias. Las comparaciones y vínculos con SAE son lecturas del autor, no encuentros históricos, citas exactas ni doctrinas idénticas. Un concepto no dicta sentencia definitiva sobre una persona.
Strawson — Individuals (publisher and contents) · Strawson — Freedom and Resentment (primary text) · Strawson — The Bounds of Sense (publisher and contents) · SAE — Epistemology (author’s comparative background)
Reescritura española independiente. Fuentes, citas y notas detalladas en la edición china e inglesa。