052 / 108 · Trazar los límites de la verdad
Beauvoir: no se nace mujer
¿Quién representa la medida de lo humano y quién debe explicarse? De la mesa a la puerta cerrada y al espejo que gira, las preguntas de Beauvoir alcanzan también a su autora.
I. Quién no tiene que explicarse
Imaginemos una conversación sobre la vida humana: la razón, el trabajo, el amor, la libertad. Simone de Beauvoir acerca una silla y hace una pregunta más pequeña. Cuando ese ser humano supuestamente universal vuelve a casa, ¿quién recoge la mesa?
No pretende prohibir a los hombres que hablen de la humanidad. Pregunta por qué una experiencia puede representar a todo el mundo sin declarar de dónde viene, mientras otra recibe enseguida una etiqueta particular. El problema de él es humano; el de ella, femenino.
El segundo sexo se publicó en dos volúmenes en 1949. La Otra no significa simplemente una persona distinta. Ambas pueden decir yo. La desigualdad aparece cuando una sirve de referencia y la otra queda explicada principalmente por la relación que mantiene con ella.
Esposa, madre, hija: pueden ser vínculos muy queridos. La cuestión es si la persona que los vive puede desarrollar una existencia que no se agote en ellos. ¿Es alguien que también llega a ser esposa, o hay primero una plaza de esposa que debe ocupar?
Por eso, el título no quiere decir amablemente que las mujeres fueron las segundas en ser vistas. Nombra una subordinación. Alguien representa la medida de lo humano; las diferencias de otra persona se contabilizan como desviaciones respecto de esa medida.
Beauvoir no elimina el cuerpo ni inaugura toda resistencia a la opresión de las mujeres. Reúne preguntas anteriores en una investigación incómodamente amplia: ¿cuánto de lo que llamamos naturaleza es una organización que hemos vivido tanto tiempo que ya no advertimos?
II. Aprender a ocupar menos sitio
«No se nace mujer: se llega a serlo». La frase que abre el segundo volumen no convierte a un bebé en una hoja en blanco. Ya existen un cuerpo, necesidades y vulnerabilidad. Nadie comienza pudiendo convertirse, a voluntad, en cualquier cosa.
Ese llegar a ser ocurre mediante escenas pequeñas y repetidas. Pensemos en un niño felicitado por trepar muy alto y una niña reprendida en el mismo árbol porque eso no corresponde a una señorita. No hace falta mala intención para repartir estímulos diferentes.
Es un ejemplo, no la infancia universal reconstruida con muñecas y ropa rosa. Importa la distribución de las oportunidades. ¿Qué intento recibe cariño? ¿Qué ambición amenaza con perderlo? ¿Qué capacidad ni siquiera llega a ejercitarse porque nadie espera nada de ella?
Después, la niña puede disfrutar sinceramente cuidando de los demás. No nos corresponde declarar falso ese cariño. Preguntemos qué sucede cuando no quiere hacerlo. ¿Dispone de dinero, tiempo y un margen para decidir sin solicitar la aprobación de todo el mundo?
La prohibición más difícil de advertir no siempre está escrita en una puerta. Antes de llegar, uno ha aprendido a decir: eso nunca me interesó. A veces es realmente una preferencia propia. Otras, es el nombre que ha terminado dando a muchas decepciones.
Beauvoir no nos entrega un certificado para distinguir los deseos verdaderos de otra persona. Invita a examinar la vida en la que se forman. Ofrecer alternativas no obliga a marcharse; puede permitir que quedarse sea también una decisión de quien se queda.
III. Darle la vuelta a lo natural
Hay explicaciones que esconden su conclusión antes de empezar. Se toma la experiencia masculina como norma, se llama carencia a lo que difiere de ella y luego se anuncia que las mujeres no están a la altura. El examen nunca estuvo realmente abierto.
El segundo sexo recorre la biología, el psicoanálisis, la historia y los mitos literarios. No desecha todos sus conocimientos. Pregunta cómo un hecho corporal se convierte en una orden para una vida entera. ¿Por qué poder gestar decide qué carrera debe abandonarse?
Esas tradiciones no forman una conspiración sin fisuras de dos mil años. Dentro de la religión, la filosofía y las ciencias ha habido disputas. Reducir toda una civilización a una frase antigua despectiva repetiría la simplificación que esta investigación debería ayudarnos a evitar.
Tampoco la crítica de Beauvoir al psicoanálisis se resume en una supuesta angustia femenina de castración. Discute el paso directo de la anatomía al deseo y la autoestima. Que una diferencia se viva como privilegio o vergüenza depende asimismo del lugar social que recibe.
Podemos pensar por un momento en Sócrates y Copérnico: uno examina el saber supuesto, otro altera nuestra posición en el cielo y ella interroga los destinos llamados naturales. Es una comparación del lector, no tres demostraciones de una misma afirmación.
Lo que comparten es una interrupción. Siempre ha sido así no basta para cerrar la conversación. Si esa pretendida naturaleza necesita premios, burlas y castigos cotidianos para mantenerse, seguramente todavía merece que le hagamos unas cuantas preguntas.
IV. La libertad también necesita una llave
Beauvoir forma parte del existencialismo, pero no es un apéndice de Sartre. En Pirro y Cineas, de 1944, y Para una moral de la ambigüedad, de 1947, ya pregunta qué compromisos adquiere una libertad cuando se encuentra con otras personas.
Para reconocerla no hace falta inventar un Sartre ajeno al cuerpo, la historia o las circunstancias. Él también los estudia; ambos se leen y se discuten. Sus diferencias exigen lectura, no un reparto de papeles entre abstracción masculina y experiencia femenina.
Una habitación está cerrada con llave. Decirle a su ocupante que sea valiente no abre la puerta si la llave está en manos ajenas. Puede responder, planear, resistir. Eso no vuelve sus opciones iguales a las de quien está al otro lado.
Las francesas obtuvieron el derecho al voto en 1944 y votaron por primera vez en 1945. La autonomía económica de las casadas se amplió mediante reformas sucesivas; la de 1965 reforzó su independencia profesional y bancaria. Las situaciones anteriores no caben en una única prohibición absoluta.
Las fechas devuelven la libertad a los días corrientes. ¿Quién administra el sueldo? ¿Quién cuida del niño? ¿Dónde vivir después de dejar una relación? Una posibilidad escrita en un papel quizá todavía no encuentre sitio en la semana de una persona.
Por eso, la responsabilidad no consiste únicamente en pedirle a quien está encerrada que elija. ¿Qué hace quien conserva la llave? Reconocer una vida ajena exige más que admirar su resistencia en un espacio pequeño. A veces exige renunciar al control de la puerta.
V. El libro también debe mirarla a ella
Esa pregunta no puede dejar a Beauvoir fuera de su alcance. Ella y Sartre rechazaron el matrimonio, reservaron un lugar central para su vínculo y admitieron otras relaciones. Podemos discutir el acuerdo; ser poco convencional no lo convierte automáticamente en justo.
Las jóvenes de su entorno, entre ellas alumnas de Beauvoir, no son figurantes de una célebre historia amorosa. Bianca Lamblin contó posteriormente en sus memorias el daño que había vivido. Es el testimonio de una participante, no una sentencia omnisciente, pero merece ser escuchado.
Entre profesora y alumna, o escritor reconocido y joven admiradora, existe una diferencia de poder. Llamar a una relación experimento de libertad no garantiza la misma posibilidad de negarse, protestar o marcharse sin perder apoyos importantes. Las palabras atractivas también pueden tapar esas preguntas.
Beauvoir sufrió una doble vara de medir por ser mujer. En otra relación podía, sin embargo, ocupar la posición más poderosa. Haber padecido opresión no concede inocencia universal. Comprender sus circunstancias no elimina la responsabilidad por lo que hizo dentro de ellas.
Tampoco pedir fidelidad es necesariamente renunciar a la libertad. Se puede escoger la exclusividad o acordar otra cosa. Importan el consentimiento real, la posibilidad de renegociar y un rechazo que no sea tachado de atraso. Nadie debe soportar una intimidad no deseada para demostrar apertura mental.
No necesitamos declararla más honesta que Sartre ni repartir profundidad filosófica según quién sufrió más. Hay algo más difícil: las exigencias de un buen libro pueden superar la conducta de su autora. Tomarlo en serio incluye volver esas exigencias hacia ella.
VI. No hace falta convertirse primero en Marie Curie
Junto a Marie Skłodowska Curie aparece una comparación tentadora: una demuestra la capacidad científica de las mujeres, otra cuestiona su supuesta esencia. Pero Curie estaba investigando la materia, no realizando un examen de ingreso en nombre de todo su sexo.
Sus descubrimientos cambiaron lo que se imaginaba posible para las mujeres. No pueden convertirse en condición de sus oportunidades. Si obtener un Nobel fuera requisito para merecer la llave de un laboratorio, la inmensa mayoría de los hombres también tendría que esperar fuera.
Beauvoir nos ayuda a advertir el examen mismo. ¿Por qué el fracaso de un investigador puede ser suyo, mientras el de una investigadora se convierte en información sobre todas las mujeres? Incluso el derecho a equivocarse y probar otra cosa puede estar repartido de forma desigual.
Estas vidas se iluminan mutuamente sin competir por cuál es más radical o solitaria. Hacer un trabajo difícil modifica lo que parece posible; revisar las reglas de entrada permite que otras personas emprendan algo que todavía no han tenido ocasión de demostrar que saben hacer.
La mujer que nunca será una gran figura es la más fácil de olvidar. No necesita descubrir un elemento ni escribir El segundo sexo para merecer ingresos, una hora tranquila y voz propia al decidir qué hacer con su vida.
Intercalar estatuas femeninas entre las antiguas estatuas masculinas no bastaría. El cambio mayor consiste en dejar de exigir excelencia como entrada a las libertades ordinarias. Una persona no tiene que deslumbrarnos antes de que la tomemos en serio.
VII. El retrato de la caverna
Tomemos prestada la caverna de Platón para una conversación imaginaria. En su pared cuelga el retrato de la mujer ideal: atenta, discreta, jamás cansada. Después de mirarlo mucho, los habitantes empiezan a comparar con la pintura a cada mujer que entra.
Beauvoir podría preguntar si han descubierto una verdad o si alguien ha olvidado firmar una exigencia. Cuando una persona no encaja, ¿por qué reducirla antes de revisar el marco? Salir de las sombras puede empezar por averiguar quién organiza la proyección.
El Platón histórico no debe interpretar al adversario más cómodo. El libro V de la República admite que las mujeres con capacidades adecuadas reciban la educación de los guardianes y ejerzan sus funciones. No es la igualdad moderna completa, pero complica la caricatura.
Las preguntas siguen siendo distintas. Platón organiza educación y tareas en una ciudad justa. Leer a Beauvoir lleva a preguntar si la tarea asignada puede describir por completo a una persona. Incluso un orden llamado razonable tiene delante a alguien capaz de decir no.
Fuera de la caverna no espera una hoja en blanco sin cuerpo, pasado ni vecinos. Escapar de un retrato no permite fabricarse por voluntad pura. Hacen falta tiempo, dinero, compañía; a veces una posibilidad verdaderamente deseada sigue estando, por ahora, fuera de alcance.
Este encuentro inventado no necesita un vencedor definitivo. Deja una pregunta para llevar a casa: ¿nuestra imagen de la buena mujer ofrece una dirección, o le quita silenciosamente a una persona el permiso para seguir cualquier otra?
VIII. Convertir la pregunta en un verbo
La fuerza de la frase sobre el devenir no está en proporcionar otra etiqueta, sino en abrir un nombre hacia una historia. No preguntar solamente cómo es ella, sino cómo llegó aquí, qué caminos encontró y quién cerró los demás.
Hubo pensadoras y movimientos anteriores; tampoco nació un consenso universal en 1949. La importancia de Beauvoir no exige borrar a sus predecesoras. Su libro dio una concentración extraordinaria a una lucha existente y llevó sus preguntas a muchas más vidas.
Podemos recordar a Marx dirigiendo la atención hacia las condiciones materiales y la historia. La semejanza no vuelve intercambiables género y clase. El trabajo doméstico, el deseo y la dependencia necesitan investigación, no ser archivados bajo una respuesta conseguida en otra parte.
Además, tener historia no significa carecer de peso. Un muro construido por personas sigue doliendo al golpearse contra él. Desmontar una afirmación sobre la naturaleza femenina no paga el alquiler ni hace desaparecer los cuidados necesarios a la mañana siguiente.
La independencia económica importa, pero no resuelve todo. Un salario puede coexistir con la segunda jornada en casa, la vergüenza corporal o la obligación de quitar importancia a los éxitos. El cambio debe entrar en la textura del día, no limitarse a cambiar su vocabulario.
La liberación tampoco debería convertirse en otra orden: rompe todos los vínculos y permanece invulnerable. Trabajar con independencia, elegir apoyo, cuidar sin desaparecer son posibilidades diferentes. No se trata de imponer una biografía correcta, sino de permitir que alguien se haga responsable de la propia.
IX. Un espejo en Montparnasse
Beauvoir murió en París el 14 de abril de 1986, a los setenta y ocho años, seis después que Sartre. No se casaron y comparten tumba en Montparnasse. Una sepultura reúne sus nombres; no fija la interpretación definitiva de una relación compleja.
En La ceremonia del adiós, publicada en 1981, describe el envejecimiento y la muerte de Sartre sin ocultar el deterioro físico. Esa franqueza recuerda a Chéjov, pero una memoria tiene un punto de vista. Intimidad, fidelidad del relato y dignidad del retratado siguen siendo preguntas legítimas.
Hagámosla llegar ahora al puente imaginario de esta serie. Sartre deja la pipa; Sócrates se aparta un poco; Hume guarda las piezas del backgammon. Turing levanta la vista y alguien se mueve junto a la barandilla. Hay sitio para escucharla.
Se coloca junto a Sartre sin necesitar su nombre como presentación. Tampoco tenemos que convertirla en alguien inmune a las miradas. Pensar durante años la libertad no libra de los celos, la dependencia, los errores ni la capacidad de herir a otros.
Abre el libro como un espejo dirigido al grupo. Muestra algo más que sus rostros: alrededor de aquellas vidas supuestamente universales aparecen quienes preparaban la comida, cedían su tiempo y rara vez entraban en la discusión como interlocutoras.
Algunos prefieren no mirar. Otros reconocen una omisión. Alguien puede volver el espejo hacia ella y preguntar qué lugar recibieron las jóvenes en su propia historia. Esa pregunta no desaparece porque quien sostiene el libro se llame Beauvoir.
Si el libro permanece vivo, no es porque su autora esté a salvo de críticas. Es porque el espejo puede seguir girando e incluir la mano que lo sostiene. Quien había sido relegada al fondo puede acercarse y contar una historia distinta.
El segundo sexo no es un orden que merezca conservarse. Nombrarlo puede ayudar a una persona a hablar sin pedir primero permiso al lugar que ocupa dentro de él. Ahora, puede decir, escúchenme a mí.
Notas de lectura y fuentes
La lectura parte de la introducción, los análisis del cuerpo y la situación y la conclusión de El segundo sexo. El devenir no elimina el cuerpo ni supone una elección ilimitada. Beauvoir desarrolla una ética propia, no un mero complemento de Sartre. Se distinguen el derecho al voto de 1944 y la primera votación de 1945; la reforma de 1965 no implica que todas las mujeres afrontaran antes restricciones legales idénticas.
Las memorias de Lamblin se tratan como testimonio de una participante, sin inventar condenas penales ni un conocimiento total de las motivaciones. La desigualdad de género no exime de responsabilidad a profesores y escritores célebres. República V admite guardianas con capacidades adecuadas, sin establecer toda la igualdad moderna. La conversación inicial, la caverna y el puente son imaginaciones literarias.
Beauvoir: El segundo sexo, introducción · Beauvoir: El segundo sexo, conclusión · Beauvoir: Para una moral de la ambigüedad, libertad personal y los demás · Stanford Encyclopedia of Philosophy: Simone de Beauvoir · Memorias de Bianca Lamblin: presentación de la autora y ficha bibliográfica · Asamblea Nacional francesa: el voto femenino en 1944 · INA: la autonomía económica de las mujeres casadas, 1965 · Platón: República V, las guardianas
Reescritura española independiente. Fuentes, citas y notas detalladas en la edición china e inglesa。