Un arresto compatible con la oficina
Los vigilantes desayunan en su habitación, el inspector anuncia el arresto y, acto seguido, K. puede marcharse al banco. Conserva su cargo, su casa y sus recorridos. La extrañeza jurídica no consiste en una libertad concedida con generosidad, sino en que el tribunal deja a K. la tarea de llevar consigo el proceso. Durante un año, la fuerza visible interviene poco. Él mismo reserva horas, descuida expedientes y convierte cualquier encuentro en una posible vía hacia la causa.
Una acusación sin contorno
Nunca se formula el delito. Un cargo concreto permitiría negar un hecho, discutir una prueba y saber qué parte de la conducta está en cuestión. La ausencia de cargo amplía la sospecha hasta abarcar a la persona completa. «Soy inocente» deja de ser una respuesta verificable porque nadie puede probar la inocencia de toda una vida ante una norma que tampoco conoce. El tribunal no tiene que demostrar culpabilidad: le basta con conseguir que K. se reconozca como alguien que tiene un caso.
Un sistema sin centro visible
La primera audiencia se celebra en un edificio de viviendas; nadie indica la sala y K. la encuentra en un ático sofocante. Allí y en otros despachos aparecen corredores interminables, acusados mareados por el aire y funcionarios de rango siempre inferior a otro inaccesible. Cada agente puede afirmar sinceramente que no decide nada. La responsabilidad se dispersa sin que disminuya el efecto. No hay una parte contraria a la que vencer, porque la organización solo remite a otro nivel de sí misma.
La protesta ya tenía asiento
K. pronuncia un discurso contra la corrupción del tribunal y recibe aplausos. Después descubre que buena parte del público lleva insignias de funcionario. La resistencia no ha irrumpido desde fuera: ocupaba un papel previsto dentro de la audiencia. Al comparecer en la fecha y el lugar señalados, K. acepta la gramática que lo convierte en acusado, incluso mientras la denuncia. El tribunal no exige que crea en su justicia; le basta con que busque dentro de él la instancia capaz de declararlo libre.