NON DUBITO · Lecturas de cine
Lecturas de El viaje de Chihiro
Tres ensayos que parten de un contrato que confisca un nombre, siguen al Sin Cara mientras aprende el idioma del intercambio y llegan a una niña cuya memoria recupera aquello que la casa de baños ha convertido en propiedad.
El viaje de Chihiro comienza con una niña que no quiere entrar en un túnel y la sitúa dentro de una sucesión de sistemas que desoyen su negativa. Sus padres creen que poder pagar da derecho a poseer; la casa de baños de Yubaba mide la existencia por el trabajo y los ingresos; el Sin Cara aprende que el oro atrae a la multitud. Cada sistema propone su propia tabla de equivalencias para decidir quién puede comer, quedarse, hablar o ser visto.
Chihiro no se convierte en la participante más fuerte de ninguno de esos sistemas, pero consigue salir. Conserva un propósito fuera de los libros de cuentas de los baños, recuerda los nombres que el poder recorta o borra y responde una y otra vez antes de saber qué puede recibir a cambio. Abrir una puerta a alguien bajo la lluvia, guardar el nombre de otro, negarse a identificar a sus padres con ganado: esos gestos minúsculos le permiten no aceptar el cálculo que ese mundo ha preparado para ella, sin fingir que el peligro no existe.
I · En cuanto firmó, dejó de llamarse Chihiro Ogino
El contrato de Yubaba es voluntario en la forma, pero las circunstancias no dejan una segunda opción. Una vez confiscado el nombre, el trabajo puede borrar el camino de vuelta a casa.
II · El Sin Cara tiene las manos llenas de oro, pero no tiene nada
El Sin Cara aprende a intercambiar objetos, oro, apetito y voces prestadas por atención. Lo que Chihiro le ofrece al final es precisamente la acogida que él ha intentado comprar todo ese tiempo.
III · Recordó su propio nombre y guardó también el de otro
Chihiro conserva su nombre y guarda también el de Haku. En la última prueba no se salva por identificar a dos cerdos, sino por negarse a reconocer a sus padres como cosas.