NON DUBITO · Lecturas de cine · 1 / 3
Un hombre al que mantuvieron para matar sin que él lo supiera
En este ensayo
Un apartamento casi sin muebles.
Un hombre duerme sentado en una silla. No está recostado: tiene la espalda recta, las gafas de sol puestas y una pistola en la mano. Al amanecer se levanta, hace abdominales, plancha la ropa y bebe leche.
Después le toca el turno a una planta.
La lleva al alféizar para que reciba el sol, limpia las hojas una por una con un paño húmedo, la riega y vuelve a meterla dentro. Se toma su tiempo. Ninguna otra cosa merece de él tanta atención.
Es su mejor amiga. Lo dice él mismo: es silenciosa y nunca hace preguntas.
Más adelante añade algo: ella, como él, no tiene raíces.
I. Muchos años utilizándolo, y él creyendo que lo cuidaban
Léon trabaja para Tony, que tiene un restaurante en Little Italy. En la trastienda se ocupa de otro negocio.
Léon mata; Tony le consigue los encargos y le paga.
Pero Léon nunca ha tenido el control de esos ahorros. Tony se los «guarda». Lo explica de maravilla: es como tenerlo en un banco, incluso mejor, porque los bancos pueden sufrir atracos o quebrar. Con él, el dinero está más seguro que en ninguna parte. Y cuando lo necesite, basta con venir a buscarlo.
Léon se lo cree. Lleva muchos años creyéndoselo.
Léon no sabe leer.
Hay que mirar esos dos hechos juntos. Quien no sabe leer no puede abrir por su cuenta una cuenta bancaria, entender un extracto ni comprobar una sola cifra. Todo lo que Léon sabe de su dinero se reduce a una frase en boca de Tony: «Yo te lo guardo».
Más adelante, una escena deja al descubierto lo que hay en ese arreglo. Léon presiente que quizá no vuelva y va a ver a Tony: si le ocurre algo, quiere que el dinero vaya a una niña. A Tony le cambia por un instante la expresión, pero acepta.
La niña acaba presentándose. ¿Qué le dice Tony? Que de momento él seguirá administrando el dinero. Le da cien dólares para empezar; cuando necesite más, tendrá que volver a pedírselos.
Muchos años de dinero ganado matando acaban convertidos en una paga que Tony le irá soltando poco a poco.
Tony no se comporta como un monstruo sanguinario. Siempre habla a Léon con cortesía, lo invita a comer, lo llama viejo amigo. Lo suyo ni siquiera adopta la forma de un atraco. Es algo mucho más corriente: descubrir que alguien no sabe leer, no tiene adónde ir ni a nadie más en quien apoyarse, y conservar indefinidamente su dinero. Siempre tiene una explicación. Siempre la da con buenos modales.
II. Su vida se detuvo a los diecinueve años
La película solo nos entrega un pequeño fragmento del pasado de Léon. Se lo cuenta él mismo a la niña.
Tenía diecinueve años y vivía en Italia cuando se enamoró de una muchacha. La familia de ella se opuso; su padre era un hombre poderoso. Después la muchacha murió. La mató su propio padre.
Léon mató a aquel hombre y huyó a Estados Unidos para reunirse con su propio padre, que trabajaba para Tony.
Han pasado muchos años desde entonces. Su vida no ha avanzado un solo paso.
No tiene amigos, hogar, documentos de identidad ni ninguna relación duradera. Vive en un apartamento que puede abandonar en cualquier momento. Todo cuanto posee cabe en una bolsa, salvo una planta. Ni siquiera se atreve a acostarse para dormir.
No estamos viendo a un asesino implacable que ha elegido la soledad. Estamos viendo a alguien cuya vida quedó interrumpida a los diecinueve años, alguien que nunca salió de allí.
A muchos les parece que habla con la niña de una manera torpe, inexpresiva, casi infantil. Y sí, parece un niño. Su vida afectiva se paró a los diecinueve años, y durante los años siguientes nadie lo acompañó para que pudiera seguir creciendo. Tony le daba encargos y explicaciones sobre su dinero. Nunca le dio nada más.
Así veo a Léon: han seguido utilizando sus habilidades mientras una parte de su vida se quedaba allí donde dejaron de interesarse por él mismo.
III. La planta es su retrato
Dice que la planta es como él: no tiene raíces.
Es la declaración más importante que hace sobre sí mismo en toda la película.
Una planta en una maceta puede parecer perfectamente atendida. Alguien la riega, le limpia las hojas y la saca al sol. La cuidan con esmero. Pero no puede arraigar en el suelo: en cualquier momento pueden levantarla y llevársela. Todo lo que le permite seguir viva depende de que alguien quiera continuar cargando con ella.
Así vive Léon. Tony le da de comer, le consigue trabajo y dice que le guarda el dinero. A simple vista, también a él lo están cuidando.
Pero no tiene ni un palmo de tierra propio. No puede dejar de trabajar, porque entonces dejaría de ser alguien; tampoco puede alejarse de Tony, que tiene su dinero. Y sin saber leer no llegaría muy lejos.
Lo que hace con mayor dedicación cada día, regar una planta y limpiarle las hojas, consiste en cuidar de otro ser que se encuentra exactamente en su misma situación.
La planta nunca ha dado flores ni frutos. No le sirve para nada. Es lo único que hace en su vida sin obtener nada a cambio.
IV. Se ríe en el cine
Hay una escena muy breve de la que casi nadie habla.
Léon va solo al cine a ver un viejo musical. En la pantalla alguien baila claqué y canta una canción alegre.
Sentado en la oscuridad, levanta la cara y sonríe.
No es la sonrisa educada de un adulto. Es una sonrisa boba, de oreja a oreja, sin una sola reserva: la de un niño de diez o doce años mirando dibujos animados.
Ese plano es el punto al que llega este ensayo.
Para entonces la película ya nos ha dejado muy clara su situación. Es una herramienta a la que llevan muchos años utilizando. La única persona en quien confía le retiene el dinero. No sabe leer, no tiene raíces, duerme sentado. Cualquiera que hubiese pasado por eso debería haber quedado desgastado hasta no tener nada dentro.
Y, sin embargo, ahí está, en el cine, sonriendo al ver un número de claqué.
Esa parte de él capaz de reír no tiene nada que ver con su habilidad para matar, con el negocio de Tony ni con el uso que otros hacen de su persona. No produce ningún beneficio para el negocio de Tony. En muchos años no les ha servido ni una sola vez.
Tampoco han conseguido borrarla ni una sola vez.
Más adelante juega con la niña a adivinar estrellas de cine. En el salón imitan a Chaplin, a Marilyn Monroe y a John Wayne, y él se ríe tanto que apenas puede mantenerse en pie. A mucha gente esa secuencia le parece entrañable. Lo es, pero sobre todo demuestra algo: hay una parte enorme de ese hombre que muchos años no han logrado arrebatarle.
Hasta que la niña llama a la puerta, nadie sabe que está ahí. Ni siquiera él.
Este ensayo se basa en la película El profesional (Léon), de 1994, escrita y dirigida por Luc Besson. También utiliza la versión larga de 133 minutos distribuida por Gaumont, conocida habitualmente como versión internacional. Es más extensa que el montaje estrenado originalmente en Norteamérica e incluye secuencias esenciales para entender la relación entre los personajes, como se explicará en los siguientes ensayos.