NON DUBITO · Lecturas de cine · 3 / 3
Lo que hizo al final
En este ensayo
Versión española independiente a partir del original chino, disponible en caracteres simplificados y tradicionales.
El Virginian ya no es un mundo. Sirvió como buque hospital durante la guerra; ahora sus camarotes están desmantelados, el casco se oxida y las entrañas del barco están llenas de dinamita. Max entra con una linterna, un gramófono y un disco matriz resquebrajado. Hace sonar la melodía para la oscuridad. Desde un lugar donde los equipos de búsqueda no encontraron a nadie, llega una voz.
Max ha venido a salvar a 1900. La conversación termina sin que se pongan de acuerdo.
I. Sin dictar sentencia ni idealizar
1900 se queda a bordo y desaparece con la voladura. Este ensayo no va a ensalzar esa decisión como un acto de pureza artística ni a despacharla a la ligera como una cobardía. Desde luego, cabe discutir su muerte; la propia película la rodea de la tristeza y la oposición de Max. Pero no sería honesto convertir la conclusión de un observador externo en el significado entero de aquella vida.
Podemos plantear, todavía, una pregunta más limitada: cuando ya sabe que no tendrá que hacerse cargo de ninguna consecuencia, ¿cómo trata al amigo que tiene delante? La respuesta deja ver algo que la grandiosidad del desenlace tiende a ocultar.
II. Se explica sin exigir que le den la razón
Max suplica, discute, promete ayudarlo y también se enfada. 1900 lo escucha y después le habla de la pasarela, del teclado finito y de la ciudad que no tiene fin. Le pide perdón, pero no convierte la comprensión en una condición para que la amistad siga existiendo.
No le dice que algún día acabará dándole la razón. Tampoco lo acusa de traicionarlo ni de ser superficial. Max sigue oponiéndose, y 1900 no transforma su último encuentro en un debate que deba ganar. Se limita a explicar qué forma de vida puede sostenerlo y qué mundo no es capaz de soportar. El juicio sigue siendo de Max.
En el momento en que más podría exigir que lo comprendieran, no arrastra el corazón de otra persona al interior de su propia decisión.
III. No escribe una doctrina para los demás
1900 dice que la tierra firme es demasiado grande para él. Ese «para mí» importa. No dice que quienes viven en tierra sean vulgares, corruptos o más ajenos al arte. Tampoco trata como un fracaso las posibilidades de vida en tierra que se abren a Max: trabajar, casarse, llevar una vida corriente.
La manera más fácil de dignificar un rechazo es rebajar aquello que se rechaza. Basta con que la tierra firme no merezca la pena para que quedarse a bordo se convierta automáticamente en una muestra de superioridad. 1900 no recurre a esa defensa. Habla siempre en primera persona: ese piano no lo puedo tocar yo; yo no puedo soportar un mundo cuyo límite no alcanzo a ver.
Puede estar equivocado. Su juicio puede haber quedado trágicamente moldeado por los miedos de la infancia. Pero no lo extiende hasta convertirlo en una ley impuesta a todos. Reivindica autoridad sobre su propio límite; no legisla sobre la vida de Max.
IV. Una broma para quien tiene que marcharse
En la última conversación, 1900 se imagina llegando al cielo después de la explosión, sin el brazo izquierdo. Allí solo disponen de brazos derechos y le ofrecen uno como reemplazo. El relato se vuelve cada vez más absurdo hasta desembocar en la posibilidad de tocar el piano con dos manos derechas. Se ríe al contarlo.
La broma no anula la muerte. Va dirigida a Max, que ya ha llorado y ha intentado convencerlo, y que ahora tendrá que salir solo del barco. 1900 no puede darle el desenlace que desea. Todavía puede ofrecerle un último sonido menos terrible, de modo que el recuerdo final no sea una discusión interrumpida por la dinamita.
Incluso ahora, su atención sigue dirigida a alguien concreto. No ha convencido a Max, no lo ha menospreciado y tampoco ha dejado de importarle cómo llevará consigo lo ocurrido cuando regrese a tierra.
V. Cómo sobrevive el disco roto
Conviene tener clara la secuencia temporal de la película. Antes de subir al barco que van a volar, Max entra en una tienda de instrumentos con la intención de vender su trompeta Conn. Toca una última melodía. El dueño la reconoce y saca un disco matriz recompuesto a partir de fragmentos. Habían encontrado los pedazos dentro de un piano procedente del antiguo buque hospital. Esa noticia le revela a Max que el Virginian sigue en el puerto y que está a punto de ser destruido.
Después de la voladura, Max vuelve a la tienda. El dueño le pregunta quién escondió los trozos del disco en el piano. Max responde que fue él.
Muchos años antes, 1900 rompió la única grabación porque no quería convertir la música en mercancía producida en serie. Max conservó los fragmentos, pero no transformó la negativa de su amigo en un permiso para hacer copias. Más tarde, un desconocido los recompuso con paciencia. La música sí abandona a su autor y llega a más personas, pero no circula en millones de ejemplares intercambiables. Pasa por una cadena limitada de custodia: 1900, Max, un piano, el dueño de la tienda y quien ahora escucha la historia.
Conservar la obra no la multiplica hasta el infinito: permite que un objeto herido siga respondiendo de su procedencia.
VI. Discrepar también puede ser una forma de fidelidad
Max nunca acepta la decisión de 1900. Sube al barco precisamente porque está convencido de que su amigo se equivoca. Discute hasta el final y se marcha con tristeza.
Sin embargo, guarda los fragmentos, regresa a buscarlo cuando todos dan por hecho que ya no hay nadie a bordo y cuenta la historia entera al dueño de la tienda. Este, a su vez, le devuelve la trompeta: cuando una buena historia encuentra a alguien dispuesto a contarla, ese instrumento tiene más valor en manos de Max que como artículo de segunda mano.
Estar de acuerdo y reconocer al otro se separan aquí. Max no respeta a su amigo declarando acertada su última elección. Lo respeta al negarse a reducir a una persona entera a ese único desacuerdo.
El barco desaparece; el pianista, también. Lo que queda no es una sentencia moral, sino un sonido resquebrajado y el recorrido de una vida que alguien ha contado. Un amigo que sigue estando en desacuerdo lleva ambas cosas de regreso a tierra.
Este ensayo se basa en la versión completa de la película de 1998 dirigida por Giuseppe Tornatore. Algunas versiones internacionales más breves suprimen parte de la conversación final; el análisis sigue la secuencia íntegra.