NON DUBITO · Lecturas de cine · 1 / 3
Dejó una promesa por la que tendría que responder
En este ensayo
Un padre se sienta junto a la cama de su hija de diez años. Saca del bolsillo dos relojes iguales, le da uno y se queda con el otro.
Le explica que la hibernación, viajar cerca de la velocidad de la luz o acercarse a un agujero negro pueden hacer que su tiempo transcurra más despacio. Tal vez, cuando regrese, los dos tengan la misma edad.
Murph comprende enseguida lo que se esconde en esa explicación: él no tiene ni idea de cuándo volverá.
Arroja el reloj, le da la espalda y se niega a despedirse. Cooper le repite que la quiere. También le repite que volverá. Más tarde, cuando la camioneta ya recorre el camino de tierra, Murph agarra el reloj y sale corriendo de casa. De su padre solo queda una estela de polvo a lo lejos.
Lo que deja no es una teoría sobre el futuro de la humanidad, sino una promesa hecha a una persona concreta.
I. Un mundo al que han enseñado a mirar solo hacia abajo
La Tierra que vemos al comienzo de Interstellar responde al colapso ecológico estrechando sus horizontes. Los cultivos desaparecen uno tras otro; el polvo penetra en las casas y en los pulmones. La escuela llega a reescribir los libros de texto: el alunizaje habría sido un fraude propagandístico. Una sociedad a la que le falta comida ha decidido que las máquinas y la exploración son lujos irresponsables.
Tom tiene quince años cuando, en una reunión con su padre, la escuela lo encamina hacia la agricultura. A Cooper le dicen que las notas de su hijo y los escasos recursos educativos ya han decidido su futuro. Así, el antiguo piloto de pruebas cultiva maíz; quien sabe reparar máquinas arregla cosechadoras; y a los niños que disfrutan observando les enseñan a no mirar demasiado lejos.
Más adelante, Cooper resume el cambio: antes, la gente levantaba la vista hacia el cielo y se preguntaba qué lugar ocupaba entre las estrellas; ahora baja los ojos hacia el suelo y se preocupa por su lugar en la tierra.
El problema de este mundo no es solo que pueda acabarse. Es que ya ha reducido la existencia humana a seguir cumpliendo una función.
II. Toma lo que dice su hija como una prueba
Murph dice que hay un «fantasma» en su habitación: los libros se caen de la estantería sin una explicación razonable. Cooper rechaza la interpretación sobrenatural, pero no desautoriza a quien ha observado los hechos.
Le pide que anote lo que sucede cada vez, que mida, compare y busque las causas. La distinción importa. Una niña cuenta algo que a los adultos les parece absurdo; su padre no da por buena su conclusión, pero le proporciona un método para ponerla a prueba.
Tras una tormenta de polvo, la gravedad ordena la tierra que ha entrado en la casa hasta formar unas coordenadas en código binario. Murph reconoce que aquello es un mensaje porque ya ha aprendido que una anomalía no tiene por qué acallarse: también puede leerse.
Si logra ver la señal es porque alguien ha reconocido antes que sus observaciones cuentan.
III. Y después rechaza su primer resultado
Antes de que Cooper se marche, Murph descifra otro mensaje en los huecos de la estantería. Está escrito en morse y contiene una sola palabra: STAY, «quédate».
Le entrega el cuaderno a su padre. Es el primer resultado que obtiene siguiendo el método que él le ha enseñado.
Cooper no lo acepta. Cree que las coordenadas lo han elegido para la misión; el mensaje de la estantería le parece más bien una coincidencia o una manera de que una niña retenga a su padre. Y se marcha de todos modos.
La película no excusa esta contradicción: la convierte en el bucle causal de toda la historia. Solo dentro del espacio de cinco dimensiones descubre Cooper que él mismo ha hecho caer aquellos libros. Es quien envía la advertencia y, a la vez, quien en otro momento se negó a atenderla.
Eso no significa que, si se hubiera quedado, todo habría tenido una versión mejor. El bucle temporal está cerrado: su partida es precisamente lo que hace posible el mensaje posterior. Lo que no queda zanjado es la responsabilidad. Ante una prueba que entonces no podía comprender, decidió marcharse. A Murph le tocó vivir el tiempo que esa decisión dejó tras de sí.
IV. Veintitrés años, cuatro meses y ocho días
El planeta de Miller está cerca del agujero negro. Una hora allí equivale aproximadamente a siete años en otro lugar. El equipo pasa poco más de tres horas en la superficie; cuando regresa a la Endurance, TARS precisa cuánto tiempo han perdido: veintitrés años, cuatro meses y ocho días.
Empiezan a reproducirse los mensajes acumulados. Tom se gradúa, se casa y se convierte en padre. Después entierra a su hijo Jesse y a su abuelo materno. Al final dice que necesita dejar ir a ese padre que lleva demasiado tiempo ausente.
Murph no aparece hasta el final. Cuenta que, mientras su padre aún podía responder, nunca grabó un mensaje, de tan enfadada como estaba. Cuando él dejó de contestar, decidió asumir las consecuencias de su elección. Pero hoy cumple años y ha hecho una excepción: ha encendido la cámara. Ya tiene la edad que tenía su padre cuando se marchó.
Lo más cruel de esta escena no es solo el paso del tiempo. Nos hace ver que aquella promesa traía consigo un calendario. Murph no ha dejado de vivir, pero recuerda sus términos con suficiente precisión para reconocer el día en que el «tal vez» de su padre se convierte en una deuda vencida.
V. Una promesa tiene una acreedora
Cooper habría podido justificar su partida con argumentos que una niña no podría rebatir: la Tierra está muriendo, la misión puede salvar a la humanidad, ciertas responsabilidades pesan más que las exigencias de una familia. Nada de eso es falso.
Pero «la humanidad» no tiene un rostro concreto ni una fecha de vencimiento. Uno puede invocarla indefinidamente para justificarse sin mirar a los ojos a quien paga el precio. «Volveré» es distinto. Esa frase crea una acreedora: alguien que puede recordarla, apuntar una fecha y pedir cuentas de lo que ocurrió después.
Por eso no es una simple frase para arrancarnos lágrimas. A través de las enormes distancias de la película, establece una dirección concreta para la responsabilidad moral. Una gran empresa puede explicar por qué Cooper se marcha; no puede decidir por él con quién sigue estando en deuda.
VI. La promesa acaba abriendo un camino
Cooper no se separa de la nave cerca del agujero negro Gargantúa solo para cumplir su promesa a Murph. Él y TARS constituyen la masa que hay que dejar atrás para que Brand y la maltrecha Endurance aprovechen el impulso y alcancen el planeta de Edmunds. TARS espera, además, obtener de la singularidad los datos que quizá puedan salvar la Tierra. Cuando se desprende de la nave, Cooper cuenta con sacrificarse, no con reencontrarse con su hija.
La vieja promesa solo se convierte en un método concreto cuando sobrevive dentro del espacio de cinco dimensiones. Ante los infinitos momentos de la habitación de Murph que se despliegan unos junto a otros, necesita encontrar a una persona, un objeto y una relación capaces de sostener un significado.
Elige el reloj porque él se lo dio. Confía en que ella volverá a buscarlo. Traduce los datos de TARS al código morse y mueve el segundero.
La promesa no sustituye a la física: le da una dirección.
La salvación se hace posible porque el mensaje tiene a la vez contenido y destinataria: TARS aporta los datos cuánticos; el espacio de cinco dimensiones, el canal; el reloj está unido a una promesa que no se ha olvidado; y Murph lleva décadas preparándose hasta llegar al punto en que solo le faltan esos datos.
La beneficiaria última es la humanidad. Pero, si los datos llegan a la humanidad, es porque primero pueden llegar a una mujer concreta.
Este ensayo se basa en Interstellar (2014), dirigida por Christopher Nolan y escrita por Jonathan Nolan y Christopher Nolan. Los detalles de la trama se cotejaron también con el guion publicado oficialmente.