NON DUBITO · Lecturas de cine
Lecturas de Adiós a mi concubina
Tres ensayos: del niño al que recortan hasta hacerlo apto para la escuela de ópera y la «doncella» que le meten en el cuerpo a golpes, a Juxian, que compra su propia libertad e intenta llevar sus relaciones fuera del escenario.
Adiós a mi concubina suele describirse como una epopeya sobre el arte, el amor y la historia china del siglo XX. Pero lo que cose ese largo periodo es un gesto más íntimo: una y otra vez, cuerpos y relaciones son forzados a adoptar formas que no han elegido. Un niño debe perder un dedo antes de entrar en la escuela; deben meterle un verso en la boca a golpes antes de que pueda convertirse en una gran figura. Se suceden gobiernos y movimientos políticos, y cada uno exige una nueva representación que merezca su aprobación.
Estos tres ensayos siguen ese hilo sin reducir la película a una única alegoría. El paso de Douzi a Cheng Dieyi también es la formación de un artista extraordinario. Su entrega no puede descartarse como falsa, pero tampoco afirmarse que sea enteramente obra suya. La salida de Juxian de la Casa de las Flores es un acto auténtico de decisión propia, aunque no le permite escapar por completo de la dependencia, la rivalidad ni la historia. La tragedia de la película consiste precisamente en mantener dentro del mismo plano la belleza, el apego, la coacción y la capacidad de actuar por cuenta propia.
I. Primero tienen que quitarte una parte
Douzi solo puede entrar en la escuela de ópera después de que modifiquen su cuerpo para ajustarlo a las exigencias. La violencia no es un accidente ajeno a la institución artística: forma parte del proceso de producción.
II. «Nací doncella» se aprende a golpes
Un verso entra por la fuerza en la boca de Douzi y termina convirtiéndose en el centro del arte de Dieyi. La película hace que la coacción y una entrega auténtica ya no puedan separarse con nitidez.
III. Juxian se compró su libertad
Juxian realiza la salida más clara de toda la película. Su libertad es real, astuta y costosa, pero no la pone a salvo del daño que pueden causarle sus nuevas relaciones y la época en que vive.