Sueño, enfermedad, concentración y mudanzas cortan el hilo. Una existencia rara vez avanza como una grabación sin cortes.
Lo enlazamos mediante hábitos del cuerpo, relatos, imágenes y compromisos. La continuidad no solo se descubre: también se trabaja.
Volver a unir no significa forzar cada episodio dentro de una sola historia. Los hechos nuevos deben poder cambiar la interpretación anterior.
Tampoco toda experiencia ajena debe convertirse en material para nuestro desarrollo personal.
Tal vez un yo continuo no sea el que nunca se rompe, sino el que logra llevar atención y responsabilidad a través de sus interrupciones.