La escena
Para limitar las matanzas de la caza real, los ciervos sortean cada día a una víctima. El turno se vuelve justo. Cuando le toca a una cierva preñada, el rey ciervo de Banyan ocupa su lugar y acaba interrogando al rey humano sobre el sistema mismo de matar.
Lo que la moraleja deja fuera
El reparto justo importa: un turno transparente reduce la arbitrariedad. Pero cuando el procedimiento funciona bien, su premisa —un ciervo debe morir cada día— se vuelve invisible. La equidad actúa como certificado de legitimidad y olvidamos preguntar qué se reparte con tanto cuidado.
Volver a abrir el final
Una buena institución no decide únicamente cómo distribuir la carga. Reabre la pregunta de si esa carga es necesaria y qué otra relación podría eliminarla. El ciervo no perfecciona el sorteo; lleva la mesa entera del sorteo ante el rey.