La escena
Aburridas de una vida tranquila, las ranas piden un rey. Se burlan del tronco inmóvil que reciben primero y reclaman un gobernante más activo. Llega una cigüeña y empieza a devorarlas. La fábula castiga su deseo imprudente.
Lo que la moraleja deja fuera
Pero concluir “ellas lo pidieron, merecen todo lo ocurrido” borra el alcance del consentimiento. Desear orden, crear un cargo y aceptar sin límites una dominación concreta son cosas distintas. Una elección o un contrato no justifican automáticamente todos los actos futuros.
Volver a abrir el final
El consentimiento necesita objeto, duración, condiciones y una vía de retirada. Las ranas responden por su mal juicio; la cigüeña, por comerlas. Haber solicitado autoridad no elimina el derecho a discutir su ejercicio y buscar otra forma.