La escena

El muchacho grita varias veces que viene el lobo y hace correr al pueblo. Cuando el lobo llega de verdad, nadie responde. La mentira ha destruido la confianza; pero en la pérdida final también interviene que nadie vuelve a mirar lo que sucede en la colina.

Lo que la moraleja deja fuera

La confianza resume de forma útil una historia de conducta; no podemos investigarlo todo desde cero. Pero “ya no creo a esa persona” puede convertirse en “lo que dice no puede ser cierto”. La reputación deja entonces de ser un indicio y ocupa el lugar de la realidad.

Volver a abrir el final

Nadie debe restaurar de inmediato una confianza destruida, y el coste de verificar también importa. Ante un peligro grave podemos, sin embargo, separar al mensajero del mensaje. Es posible desconfiar del mentiroso y aun así mirar detrás de la colina.