La escena
Cuanto más sopla el viento, con más fuerza sujeta el viajero su abrigo. Bajo el calor del sol acaba quitándoselo con sus propias manos. La fábula prefiere la calidez a la coacción y la acción parece voluntaria.
Lo que la moraleja deja fuera
Pero usar la propia mano no basta para probar libertad. Si conservar el abrigo bajo un calor insoportable es prácticamente imposible, el sol también ha dispuesto el entorno para producir una sola conducta. Sin orden ni amenaza, un diseño puede cerrar todas las demás puertas.
Volver a abrir el final
La frontera entre influencia y coacción no depende de un tono amable. Importan la posibilidad real de rechazar, el precio de otra opción y el propósito para el que se diseñó el entorno. El sol fue más hábil que el viento; precisamente por eso no debemos confundir habilidad con bondad.