La escena

Al caer su espada al río, un hombre marca enseguida el borde de la barca. La señal es exacta. Pero después de avanzar, bucear bajo ella no conduce a la espada: la barca y la marca se han movido; el objeto quedó en el fondo.

Lo que la moraleja deja fuera

El error no está en el registro, sino en confundir qué se mueve y qué permanece. Las normas, los indicadores y los éxitos pasados también guardan relaciones antiguas. Cuanto más fielmente lo hacen, más seguros podemos estar de un error cuando las condiciones cambian.

Volver a abrir el final

No hace falta borrar todas las marcas; pueden ser un comienzo. Hay que preguntar qué relación registraban y si todavía existe. Cuando la realidad se desplaza, la lealtad no se debe a la vieja coordenada, sino a la tarea de volver a buscar el objeto.