La certeza vuelve secundarios los medios. La presión y la humillación parecen costes menores de un buen fin.

Pero la corrección da razones para actuar, no permiso para cualquier método ni propiedad sobre toda la vida ajena.

La urgencia puede justificar una intervención más fuerte. Precisamente entonces su objetivo, duración y control deben ser más estrechos.

Cuanto más seguro parece nuestro argumento, más clara debe seguir la segunda pregunta: ¿hasta dónde podemos llegar?

Defender una respuesta y defender condiciones donde nadie sea absorbido por ella pueden formar una misma responsabilidad.