«No dependas de nadie» quizá ayudó a atravesar una época peligrosa. Esa regla tiene historia y mérito.

Si más tarde impide aceptar ayuda en una relación segura, el antiguo escudo bloquea una puerta. No era malo; su trabajo ha cambiado.

Reconoce primero de qué te protegía. Pregunta luego si el peligro continúa y si basta un límite más preciso.

Podemos agradecer al yo anterior y dejar que el presente cambie sus reglas. La sabiduría de supervivencia sigue viva cuando puede aprender.

No es necesario abandonar la antigua regla de golpe. Pedir un pequeño favor o contar una parte a alguien fiable permite probar el nuevo contexto. Después se ajusta el límite respetando la seguridad pasada y la posibilidad actual.