Si cada domingo libre debe explicarse con «mañana trabajaré mejor», descansar se convierte en un servicio auxiliar del trabajo.
Dormir, pasear o no terminar nada también pertenece a la vida. No existimos únicamente durante las horas que producen resultados.
El descanso puede volverse una huida prolongada. La respuesta no es la culpa, sino preguntar qué repara y qué evita.
Durante el tiempo elegido para descansar, suspende el balance. Poder vivir sin demostrar utilidad protege a la persona detrás de sus funciones.
Quien ha olvidado descansar puede sentir angustia ante el vacío. Es posible empezar con pausas delimitadas: un paseo, música, una siesta. Descansar también es una práctica que se reaprende, sin medirla de inmediato por la tarea siguiente.