Quien deja bienes desea seguridad para la familia o continuidad para una obra importante. Son razones legítimas.
Condiciones demasiado detalladas y largas obligan a los vivos a obedecer una respuesta antigua en un mundo cambiado.
Un plazo, revisión y derecho a rechazar dejan espacio para circunstancias que el donante no podía conocer.
La mejor herencia no impone un valor, sino que permite elegirlo. Una voluntad puede orientar sin convertirse en Estado después de la muerte.
Pregunta si el valor transmitido posee de verdad una sola forma. Apoyar la educación no exige imponer una universidad concreta. El margen en los medios permite que el valor dure más que la solución de una generación.