Cuanto más atribuimos el éxito solo al esfuerzo, más parece la pobreza una falta de voluntad.

Salarios, vivienda, salud, discriminación y azar no se eligen solos. También difieren el punto de partida y el precio de equivocarse.

Hablar de estructura no elimina toda responsabilidad. Aclara dónde había elección real y dónde no existía salida viable.

La ayuda no es un examen de mérito. Restaura condiciones desde las que una persona puede volver a decidir.

Incluso cuando existe un error personal, queda preguntar por qué unos pueden recuperarse y otros no. Ahorro, familia, crédito e instituciones permiten el segundo intento. El mérito individual suele descansar sobre apoyos compartidos.