Los ahorros evitan deudas y permiten salir de una mala situación. Con un objetivo, la renuncia tiene dirección.

Pero si una compra necesaria o prevista provoca vergüenza, el saldo quizá se haya convertido en nota de carácter.

Prudencia ante el despilfarro no es miedo a usar. Un dinero vigilante hace imposible incluso el gasto razonable.

Decide a la vez por qué ahorras y cuándo gastarás. La libertad también está en usar la reserva para el propósito elegido.

Pregunta si condenarías a un amigo por el mismo gasto. Si la regla solo es despiadada contigo, quizá la ansiedad o la vergüenza esté escribiendo el presupuesto. Una decisión prudente no necesita castigo para ser razonable.